Una vez más, Cáritas de Puerto Rico se une al Periódico El Visitante en la serie Pesebres de Amor que presenta la cruda realidad que viven algunos de nuestros hermanos en el país. En las próximas cuatro semanas, durante la época de Adviento, presentaremos los casos de personas que necesitan de su ayuda.

El director nacional de Cáritas de Puerto Rico, Padre Enrique “Kike” Camacho, quiso compartir lo que piensa sobre los envejecientes, que son los protagonistas de esta semana en la Sección Pesebre de Amor.

Los envejecientes deben ser siempre cuidados por todos nosotros porque son nuestro tesoro. El Papa Francisco en su homilía en Santa Marta expresó: “Los ancianos son los que nos traen la historia, la doctrina, la fe y nos la dan en herencia”. Para mí que al presente tengo el regalo de tener aún a mi abuela con nosotros a sus 90 años, de poder gozar de su presencia, su cariño, y ver cómo toda la familia se desborda por cuidarla y quererla, realmente me cuesta mucho entender cómo hay muchas familias que abandonan a sus envejecientes y los dejan solos en su tristeza, dolor y vacío de amor.

Una de las experiencias más tristes que me ha tocado vivir en mi trabajo de sacerdote es cuando he ido a un Hogar de Envejecientes con 30 participantes y ver que en un día visita solo 2 familias vieron a sus familiares ancianos. Es que vivimos en unos tiempos en los que, como dice el Papa Francisco, la sociedad vive en una total y avergonzante indiferencia.

Uno de los programas de Cáritas de PR que más disfruto visitar es el Centro de Envejecientes Nuestra Señora de Lourdes en Villa Palmera. Allí nuestros participantes me llenan de alegría y esperanza, ya que aún con las dificultades, enfermedades y pobreza que viven, son personas de fe que saben poner todo en manos de Dios. Cuando los visito me abrazan, me besan y me dicen que yo soy su nietecito, y eso es algo que le da mucho sentido a mi arduo trabajo en Cáritas.

Les exhorto, de todo corazón, que quieran mucho a sus envejecientes. Aprovechen este tiempo de Adviento para visitar a sus familiares y amigos envejecientes, que les recibirán con sus brazos abiertos. Así llegaremos a la Navidad conociendo su verdadero sentido, el cual es el amor que se entrega y se da, ese amor que llena y da esperanza.

Que Dios y la Virgen les bendigan siempre.

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