Lo llaman apóstol de la paz y modelo del periodismo en tiempos de guerra, místico y promotor del diálogo ecuménico. Así lo estableció P. Fernando Millán Romeral, vice postulador de la causa de canonización del Padre Tito Bradsma a Radio Vaticano (Vatican News). El carmelita holandés asesinado por los nazis fue canonizado el pasado 15 de mayo, 37 años después de su beatificación, junto a otros 9 modelos de santidad, a los que el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos se refirió como “hermanos y hermanas que acogieron la luz de Dios en sus corazones y la transmitieron al mundo”. Entre estos fueron canonizados: Lázaro Devasahayam, César de Bus, Luis María Palazzolo, Justino María Russolillo, Carlos de Foucauld, María Rivier, María Francisca de Jesús Rubatto, María de Jesús Santocanale y María Domenica Mantovani. 

Con la asistencia de miles de peregrinos de diversas partes del mundo en la Plaza de San Pedro, la Santa Sede acogió a los 10 beatos como nuevos santos de la Iglesia Universal. Estos provienen de los Países Bajos, India, Francia e Italia. En un altar de tres niveles al lado izquierdo del presbiterio, se encontraban sus reliquias. Las ofrendas fueron entregadas por representantes de las diferentes congregaciones religiosas a los que pertenecen los ya declarados santos, y una niña. 

¿Cercana o lejana la santidad? 

Sobre el ser santos en la actualidad, el Papa Francisco expresó en su homilía que “hemos separado –la santidad– de la vida de todos los días, en vez de buscarla y abrazarla en la cotidianidad”. Francisco afirmó que tanto Bradsma como los demás santos “se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación. […] Descubrieron una alegría sin igual y se convirtieron en reflejos luminosos del Señor en la historia”. Por esto, animó a todos a caminar hacia una santidad “siempre original”. “Sí, el Señor tiene un proyecto de amor para cada uno. Llévenlo adelante con alegría”, añadió. 

De igual forma, el Santo Padre espera que los nuevos Santos “inspiren soluciones de unión, caminos de diálogo, especialmente en los corazones y las mentes de quienes ocupan puestos de gran responsabilidad y están llamados a ser protagonistas de la paz y no de la guerra”. 

Bradsma enfrentó a los nazis 

El P. Tito Bradsma nació el 23 de febrero de 1881 en Holanda. Fue el segundo de 6 hermanos; 5 de ellos acogieron la vida religiosa como misión. Bradsma decidió entrar a la Orden del Carmelo, haciendo su primera profesión de votos en 1899 y siendo ordenado sacerdote el 17 de junio de 1905. Según el portal cibernético de la Orden Carmelita, Tito trabajó incansablemente por el periodismo y la verdad, hasta abogar por la censura de propaganda nazi en los periódicos de los cuales participaba. Él con ayuda de obispos ordenaron desobedecer la ley que obligaba a “incluir anuncios y artículos oficiales nazis” en los periódicos católicos.

Este activismo contra los nazis dictó su sentencia. Llevado al campo de concentración de Dachau, Alemania en junio 1942, murió asesinado un mes después con una inyección letal. 

“Antes de su ejecución, Tito había rezado para que Dios ayudara a arrepentirse de sus acciones a la enfermera que le administraría la inyección. También le regaló su rosario, aunque ella se resistió diciendo que era una católica no practicante. Años más tarde, fue a un convento carmelita en busca de perdón y dio testimonio en el proceso que culminó en la beatificación de Tito, que tuvo lugar el 3 de noviembre de 1985”, narra el final de la biografía colgada en el portal carmelita. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán

j.rodriguez@elvisitantepr.comTwitter: jrodriguezev

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