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A inicios del siglo XVII en Italia, el Espíritu Santo suscitó un carisma especial para la Iglesia. Hoy, 302 años después, sigue vivo en 52 naciones con alrededor de 2,500 integrantes. Se trata de la Congregación de la Pasión, también conocidos como pasionistas, fundados por San Pablo de la Cruz. Su misión es mantener vivo en el mundo el amor de Jesús Crucificado, tal como lo revela su sagrada Pasión, y comunicarla como la gran obra del amor con el que Dios ama a la humanidad entera.

Viven en comunidad y, desde ahí, se entregan al apostolado, especialmente con los más pobres y necesitados, procurando descubrir en todos los hermanos a los crucificados de hoy, viendo en ellos el rostro paciente y sufriente de Jesucristo. Los religiosos pasionistas profesan un voto especial de mantener vivo el recuerdo de la Pasión de Jesús. Esto se concreta a través de la continua oración, la predicación y caminar, especialmente, con los que sufren marginación, los excluidos, los olvidados y maltratados. 

Por eso, con el pasar del tiempo y ante la necesidad y la urgencia de atender las distintas realidades, su labor misionera ha tomado rumbos diversos. Los pasionistas atienden las zonas más apartadas, peligrosas y conflictivas en sus misiones. Atienden, asimismo, santuarios, parroquias, colegios, centros comunitarios, y algunas de sus casas se ubican cerca de líneas fronterizas para atender a los migrantes.

Su hábito es una túnica negra con un cinturón del mismo color, significando el luto por la Pasión del Señor. A la altura del pecho completa su hábito el escudo pasionista, igualmente de color negro y, con color blanco, representando la luz de la resurrección que vence las tinieblas del pecado, resaltan sus signos simples. El emblema es un corazón, representando el corazón de Cristo y simbolizando el amor. En su interior lleva la inscripción latina JESU XPI PASSIO que traduce “La Pasión de Jesucristo”. La misma es, recordatorio de la constante recomendación que San Pablo de la Cruz hacía a sus seguidores: “Que la Pasión de Jesús esté siempre en sus corazones”. Bajo esta frase, tres clavos y, sobre el corazón, una cruz clavada que, igualmente, simboliza la Pasión del Señor.

La espiritualidad pasionista está centrada en la persona de Jesucristo y busca contemplarlo de una forma en especial: Crucificado. Así, el religioso pasionista está llamado a configurarse con Él y unirse a sus padecimientos, descubriendo y comunicando el valor redentor del sufrimiento que encuentra su significado más profundo en la cruz de Cristo, que es misterio de amor y salvación. Por eso, encuentra el pasionista que la vía más corta a la perfección es la vinculación con la Pasión del Señor. 

Entre los hombres y mujeres que han bebido de esta espiritualidad, que se han dejado transformar por ella, y que la Iglesia ha puesto como modelos de santidad, se encuentran San Gabriel de la Dolorosa y Santa Gema Galagani.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

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