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¡En este nuevo mes de abril estamos listos para celebrar un nuevo tiempo litúrgico! Luego del pasar de la Cuaresma, es un renacer en todos los aspectos que nos componen como Hijos de Dios: en nuestra alma y en nuestros corazones. Es sentir la fuerza del Resucitado y la intersección de Santa Faustina, que nos asisten en cada paso que damos en el este camino terrenal. La transición que pudimos vivir entre ambos tiempos litúrgicos evoca que el recogimiento, la intimidad con Jesús, la oración personal y el unirnos en amor al corazón de Jesús; si fue el camino más indicado de recorrer para vivir en júbilo los regalos que Jesús tenía para cada uno de nosotros. Personalmente, creo firmemente en los cambios que Jesús en su Misericordia nos regala a cada uno, en su tiempo. Cuando integramos a nuestra vida cotidiana, la fe y la confianza como nuestros pilares principales, permitimos que Jesús en su misericordia nos envuelva y nos haga una persona nueva. “Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas”, (Diario, 1074).

Como humilde coordinadora de esta devoción, pude ver la mano de Jesús en mí, en los míos, en los demás y en la pastoral que Él me ha encargado. Cuando Él coloca todo en orden, no hay nada que quedé sin encajar en el rompecabezas de nuestras vidas. En abril, Mes de la Fiesta de la Divina Misericordia, me sentí como la niña de sus ojos. El éxito de esta gran Fiesta de la Divina Misericordia, fue una muestra del lenguaje de amor tan puro que Jesús tenía para la montaña y precisamente ese día cumplía mi primer año como coordinadora de mi pastoral. Estos eventos tan hermosos hicieron eco en mí de lo que Jesús había pedido en esta fiesta: reverencia, solemnidad y con un gran significado. “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, en especial, para los pobres pecadores; el alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas; la Fiesta de la Misericordia ha salido de mis entrañas…”, (Diario, 699).

En la insondable Misericordia que Jesús le transmitió al Santa Faustina, cabe destacar las hermosas promesas que Él nos prometió: “Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta Imagen con la firma: Jesús, en ti confío”, (Diario, 327). Toda persona que venere esta imagen no perecerá y quedarán bendecidos (Diario, 48), sin olvidar que “los dos rayos significan la Sangre y el Agua, ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza…  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios…”, (Diario, 299).

Ciertamente, la devoción de Jesús de la Divina Misericordia se sigue expandiendo. Recientemente, el Papa Francisco pidió que la imagen de la Misericordia de Jesús Divina Misericordioso pudiera llegar a las iglesias, comunidades, plazas y hogares del mundo hasta 2033, año jubilar en el que se celebrarán los dos mil años de la Redención, pasando por el Jubileo ordinario de 2025. ¡Devoto que me lees, tenemos trabajo que hacer, porque la Misericordia no es lástima ni pena, es compasión, es amor, es ver al prójimo como Jesús te ve a ti y a mí, todos los días! “Feliz el alma que ha confiado en Tu bondad y se ha anonadado plenamente a Tu misericordia, esa alma está llena de la serenidad del amor, la defiendes en todas partes como a Tu niño” (Diario 1652). En palabras simples, debemos de ejercer la misericordia en todo tiempo y lugar. La Misericordia en sí significa “nuestra miseria del alma” para que nos demos cuánto lo necesitamos y como Él busca las maneras de glorificarse en nosotros. Atrevámonos a emular a Jesús, todos los días que nos ve a nosotros y ve al prójimo. ¡En estos tiempos que vivimos, es hora de colocarnos las sandalias de Jesús y poder hacer ese camino que Él desea que hagamos! Sí, camino, porque Él nos llama todos los días, para “misericordiar” en el 2024. Somos bendecidos del amor y la misticidad que siente el Papa Francisco que en sus últimos comunicados ha subrayado que la Misericordia “es como un faro de luz y esperanza en la oscuridad del sufrimiento y la resignación, es el amor antes ante las heridas”. Recuerden que la Misericordia no es un sentimiento ocasional y distante, es siempre. ¡Queden con la paz de Santa Faustina de la Divina Misericordia!

Dra. Maricelly Santiago Ortiz

Para El Visitante