Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante

El Rvdo. P. Héctor Díaz Estrada, Ed.D., es natural de Caguas. Recibió la ordenación sacerdotal hace 38 años, y 35 de ellos ha sido capellán del Hospital de Veteranos en San Juan, Puerto Rico, por lo que está bajo la Arquidiócesis Militar de los Estados Unidos.

Interpelado por las vivencias en el servicio de capellanía y convencido de la coyuntura entre el sacerdocio y la pedagogía, decidió continuar estudios graduados, y, el pasado mes de julio, en una ceremonia virtual de graduación, recibió el título de Doctor en Educación con especialidad en Consejería, del Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Obtuvo, además, la Licenciatura en Consejería Educativa.

Según P. Héctor, quien compartió algunas experiencias y hallazgos de su investigación doctoral en entrevista con El Visitante, la consejería educativa está dirigida a contribuir al desarrollo integral de los estudiantes, lo que favorece, incluso, la salud mental.

Por eso, al tratarse de una profesión que requiere la interacción directa con otras personas, expresó que “un consejero debe ser empático, debe aceptar a las demás personas incondicionalmente, ser auténtico, genuino y capaz de meterse en los zapatos del otro, comprender sus pensamientos y sus emociones”.

Estas cualidades, sin duda, las puso a prueba en el proceso investigativo que realizó para su disertación doctoral en que quiso estudiar y exponer la experiencia vivida por el paciente de cáncer y sus cuidadores, la fenomenología del impacto del diagnóstico, el tratamiento y los servicios profesionales, así como la manera en que el paciente y el cuidador perciben los servicios profesionales que se ofrecen para mejorar su calidad de vida.

“Tanto se afecta el paciente como el cuidador. Los cuidadores pasan los mismos procesos por los que pasan los pacientes y, según los hallazgos, no se provee o no existe nada en Puerto Rico para dar ayuda a nivel psicoemocional, tanto al paciente como al cuidador, para manejar el impacto y la crisis. Están desprovistos de programas comprensivos para darle apoyo al paciente en el momento en que se entera del diagnóstico”, explicó el presbítero de 65 años, y añadió que, en el caso de los entrevistados, la fe que profesaban y la espiritualidad fue lo que les ayudó a sobrellevar ese momento tan duro.

Las conclusiones de sus investigaciones arrojan luz sobre la urgencia de que en los ambientes donde sea posible, se creen iniciativas y proyectos que respondan a estas necesidades.

En ese sentido, destacó la importancia de que la escuela también sea un espacio para desarrollar la conciencia y la razón para pensar críticamente y combatir el peligro de la manipulación, ser conscientes de los valores, sentimientos y emociones y, sobre todo, de encontrar el sentido de la vida para saber enfrentar los momentos adversos como lo es, por ejemplo, la enfermedad.

Finalmente, en su ministerio sacerdotal, en su vocación educativa y en su servicio como capellán del hospital, P. Héctor aseguró que: “Jesucristo es mi modelo. Él tuvo la capacidad de llegar a todos, no discriminó contra nadie, vino a salvar al mundo y se metía en el corazón de la gente. La caridad nos ayuda a entender al otro y las acciones de Jesús iban siempre en esa dirección, en la del amor”.

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