Noviembre ha llegado, y ruego que las primeras palabras en todas las familias sean: “¡Jesús, en ti confío!” La confianza es la respuesta de quienes experimentan el amor misericordioso de Dios. Este mes, las familias en Puerto Rico se unen al llamado del Papa Francisco en oración, sinodalidad y esperanza, afinando su oído y corazón espiritual para seguir a nuestro Buen Pastor (Jn 10:1-21) y dar gracias por sus bendiciones renovadas cada día.
La oración y la gratitud son los pasaportes más poderosos para los hijos de Dios en esta temporada que nos prepara para el Adviento. La oración transforma lo imposible en posible y nos recuerda que nuestras vidas están guiadas por el amor infinito de Dios. A través de la oración, abrimos el cielo para que Jesús reciba nuestras peticiones con amor. Este diálogo sincero nos llena de gratitud, lo cual fortalece nuestra confianza en el Creador. Como expresó Jesús a Santa Faustina: “Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente, y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá” (Diario, 1578).
Cada oración de gratitud permite que nuestros corazones se unan al de Jesús, haciendo de la oración una parte esencial de nuestra vida diaria. Santa Faustina nos enseñó a practicar esta entrega a Dios en todas las dimensiones de la vida. Como coordinadora de este ministerio en Cayey, me pregunto cómo dar gracias y enseñar a los demás a hacerlo. Pensar en la oración y la gratitud como valores católicos enraizados en nuestro corazón es ya un buen comienzo. Dios ve y aprecia cada oración, ofrenda y obra de misericordia realizadas con un corazón puro, incluso la más humilde.
Enseñar a otros a orar y agradecer tiene un peso espiritual enorme. Una oración tan sencilla como “Jesús, gracias” puede abrir el camino para una conexión íntima con Él. Santa Faustina nos recuerda que Jesús se cuida de quienes confían en Él, ofreciéndoles paz y respondiendo sus peticiones con amor (Diario, 1273).
Oremos y pidamos por nosotros mismos, nuestra fe, nuestra Iglesia, sacerdotes, por los enfermos y nuestras familias. Aun cuando enfrentemos dificultades, sigamos agradeciendo y confiando, pues en las pruebas, Jesús Misericordioso se glorifica. Desde que abrimos los ojos hasta que los cerramos, somos bendecidos; acojamos con gratitud toda bendición que Jesús tiene para nosotros.
Que este tiempo de oración y gratitud se extienda más allá de noviembre. Santa Faustina nos dejó una oración de Acción de Gracias que nos recuerda: “Que cada latido de mi corazón sea un himno nuevo de agradecimiento a ti, oh, Dios. Que cada gota de mi sangre circule para ti, Señor” (Diario, 1794).
¡Feliz Día de Acción de Gracias! Que Santa Faustina, Jesús de la Misericordia y María, Reina de la Misericordia, nos bendigan en amor y gratitud.
Dra. Maricelly Santiago Ortiz



