La misión de los laicos dentro de la Iglesia Católica ha sido fundamental a lo largo de la historia. Los fieles han respondido a la llamada de servir y evangelizar en sus comunidades, y un ejemplo reciente es el apostolado de Michelle Cartagena, una joven emprendedora católica que, creando velas artesanales, ha encontrado un medio para unir su fe con la defensa de la vida.
Michelle residente de Aguas Buenas, comenzó haciendo velas como parte de un emprendimiento personal, sin imaginar que este proyecto se transformaría en un apostolado. “Comencé emprendiendo a través de la fe, pero los caminos del Señor son misteriosos”, comenta. Fue durante su oración y discernimiento que sintió el llamado a utilizar su talento para algo más profundo: defender la vida desde la concepción.
A través de su negocio, Lumiere Benier PR, Michelle ha logrado tocar muchas vidas. Lo que comenzó como un simple proyecto artesanal, se ha convertido en un vehículo para crear conciencia sobre el valor de la vida. Cada vela que hace está inspirada en el tiempo litúrgico de la Iglesia o en los santos, y muchas veces, responde a peticiones personalizadas. Sin embargo, lo que realmente distingue su trabajo es su enfoque provida.
La conexión de Michelle con el movimiento provida surgió tras su participación en un festival provida en Santa Teresita. “La vela provida nació de esa actividad” recuerda. Desde entonces, ha seguido recibiendo confirmaciones, tanto en su oración como en los testimonios de aquellos que han adquirido sus velas.
Su apostolado no ha estado exento de desafíos. Como madre y esposa, ha tenido que encontrar un equilibrio entre sus responsabilidades familiares y su compromiso con este servicio. “Mi niña ha sido parte del proceso desde siempre”, cuenta, subrayando la importancia de la comunicación y la oración en su vida diaria.
Uno de los aspectos más conmovedores de su apostolado es el impacto que ha tenido en mujeres que han vivido el dolor del aborto o la pérdida de un bebé. Michelle ha recibido numerosos testimonios de mujeres que, gracias a las velas y al mensaje que llevan, han encontrado consuelo y sanación. “He tenido mujeres que, al recibir el mensaje, no se sienten atacadas, sino que sienten amor. Algunas han ido a confesarse y han sanado sus heridas”, comparte.
Su enfoque en la defensa de la vida no es de condena, sino de afirmación del valor intrínseco de cada vida. Para Michelle, su misión es clara: iluminar los corazones de quienes más lo necesitan, recordándoles que en Dios siempre hay esperanza y perdón.
Michelle Cartagena es un ejemplo de cómo los laicos pueden servir a la Iglesia de manera creativa y efectiva. A través de su apostolado con las velas, ha logrado encender no solo velas,
sino también la fe y la esperanza en muchas personas. Cada vela que produce es una pequeña llama de vida, una luz que representa el amor de Dios por cada uno de sus hijos.



