(Homilía del 5 de julio en la Catedral Santiago Apóstol de Fajardo)

TEMA: El contexto bíblico de increencia e indiferencia, de dificultades para creer y seguir a Jesús, también, se vive en nuestra realidad social.

SALUDO INICIAL

1. Luego de una excelente experiencia de los Obispos de Puerto Rico con el Santo Padre Francisco, durante la Visita ad Limina, y de una linda vivencia de peregrinación por distintos santuarios marianos en Europa, retomamos nuestra ministerio pastoral y la agenda diocesana. Saludamos a nuestra gente con alegría y esperanza misionera. Hay que continuar con mayor convencimiento de fe y de esperanza en el Dios de la Vida y dispuestos a seguirle y testificarle, a pesar de las dificultades presentes por las que atraviesa nuestro País. “Te basta mi gracia”, dice Jesús a San Pablo, palabras que deben fortalecernos y animarnos en nuestra vida cotidiana.

2. Sobre la Visita ad Límina, hay mucho de que hablar y de hecho, agenda para trabajar. Por ahora, simplemente, extiendo a todos el abrazo paternal y la confirmación de la fe en la alegría del Evangelio del Papa Francisco al Pueblo Puertorriqueño. Sobre la peregrinación a los santuarios marianos visitados, fue una experiencia de gracia y de crecimiento espiritual para todos los participantes. Visitamos, también, a Santiago de Compostella, y allí, abrazamos al Apóstol y le encomendamos, una vez más, a la Diócesis de Fajardo-Humacao, Diócesis de El Yunque. También, Zaragoza, España, fue uno los lugares visitados. En este Santuario de Nuestra Señora del Pilar confluyen el discipulado apostólico misionero del Apóstol Santiago y el amor maternal e intercesor de la Virgen María, que se encuentran en una misma misión: proclamar el Reino de Dios que nos trae Jesús, testificarlo e irradiarlo por todas partes. Recordemos que, desde España, nos llega la fe cristiana.

3. Por tanto, hermanos, fortalecidos en el amor y en la misión, celebramos la Santa Eucaristía. Celebrando este encuentro fraterno y comunitario con Jesús en esta Iglesia Catedral de Fajardo, a través de la Eucaristía, les doy la bienvenida y les invito a llenarse de alegría y de esperanza, a pesar de las dificultades que vivimos como pueblo y sociedad puertorriqueña. Ciertamente, Puerto Rico, está lleno de dificultades y vive momentos, nunca antes visto. Por eso, es tiempo de afirmación cristiana, pero, con disposición a dar testimonio de lo que somos y creemos como cristianos, como católicos, discípulos de Jesús y miembros de su Iglesia. El discipulado misionero que impulsa esta Iglesia Local nos mueve al profetismo; y este conlleva, necesariamente, el sufrimiento y el dolor. Estamos en momentos de decisiones y afirmaciones de nuestra fe y de nuestro mayor sentido de pertenencia a nuestra Iglesia Católica. No basta una fe de costumbre, de momentos, de conveniencias, de caprichos personales y voluntarismos individuales. Nuestra fe católica tiene elementos que nos podemos obviar: cristológica, mariana, comunitaria, eclesial, misionera, entre otros.

ACONTECIMIENTOS QUE NO PUEDEN DEJARNOS INDIFERENTES

4. En medio de una crisis social y económica, sin precedentes, el matrimonio y la familia en su concepción natural y cristiana, como la hemos experimentado y la hemos conocido, sufren uno de los golpes más crueles a su identidad y a su misión. Se emite una declaración judicial que pretende redefinir al matrimonio y a la familia. Se establece, así, una nueva forma matrimonial que no genera vida, naturalmente, y que trastoca los valores cristianos que hemos vivido y afirmado por milenios: valores que tenemos que seguir afirmando y testificando como cristianos. Es bueno recordar que una ley civil que va contra de la ley natural y el Evangelio, va en contra del derecho divino; luego, para nosotros los cristinos, no puede obligarnos en conciencia. La Iglesia seguirá afirmando su doctrina y acompañando a los matrimonios y familias cristianas, como de costumbre. Ciertamente, hay aspectos legales que brotan de esta declaración jurídica que tenemos que seguir analizando y midiendo sus repercusiones. Nuestra misión es seguir custodiando el matrimonio y la familia, como, nos lo ha pedido el Santo Padre.

5. Este pronunciamiento jurídico, también, se emite cuando vivimos la peor crisis económica del País, a la que nos han llevado políticas deficientes de honestidad y de transparencias, y arropadas de los partidismos ideológicos, de los egoísmos y miopías sociales de muchos líderes. Esto, sin olvidar la indiferencia social, el individualismo, la dejadez y la falta de coherencia cristiana que a todos nos salpican. En medio de esta situación social que no presenta grandes dificultades, es preciso afirmar nuestros valores y principios cristianos con mayor conciencia y mayor sentido de pertenencia a este pueblo, a nuestra fe y tradiciones cristiana. El matrimonio en su concepción natural entre hombre y mujer, y la familia constituida por el padre, la madre y los hijos, tienen que afirmarse, proclamarse y custodiarse como células fundamentales de la sociedad. También, esta es una gran oportunidad y exigencia para el testimonio misionero y profético de nuestros matrimonios y familias cristianas.

6. Escuchemos y aprendamos del Papa Francisco. Ante los cuestionamientos, dificultades y cambios que afectan al matrimonio y a la familia, responde con dos Sínodos, donde, se analizarán estos problemas con actitud pastoral, espíritu de tolerancia, respeto y verdadero sentido humano y cristiano. Ante la crisis ecológica del mundo, responde con “Laudato SI”, (Alabado Seas, cuidemos la Casa Común: el mundo y la naturaleza global). No se cansa de mencionar y acoger a los descartados y a los pobres, víctimas de las injusticias y los desmanes de muchos. A todos llama a ser discípulos de Jesucristo con alegría, conciencia y corazón. También, ese ha sido nuestro mensaje y nuestra encomienda en la Diócesis de El Yunque y la continuaremos, ahora, con mayor convencimiento y empeño, después, de esta Visita ad Limina. En esas líneas pastorales y con esos horizontes misioneros seguiremos, conscientes, de que la gracia de Dios nos basta.

LA PALABRA DE DIOS

7. En la Palabra que escuchamos, observamos que la terquedad y la rebeldía de muchos se imponen y se rebelan contra Dios, pero, la misión del profeta no puede cambiar por encontrar estas actitudes. Le “hagan caso o no le hagan caso”, tiene que continuar con su misión, proclamando la palabra y dando testimonio de ella. Dios no niega la oportunidad de conversión a nadie y a todos, de una forma u otra, le hace llegar su mensaje de vida y salvación. Está en el corazón de casa cuál escuchar y responder. Pero, Dios no obliga, pues, respeta nuestra libertad.

8. El texto del Evangelio de San Marcos nos señala al Gran Profeta de todos los tiempos: Jesucristo de Nazaret. Enseñó con autoridad y a todos cuestionaba. Hizo milagros, no para los arrogantes y poderosos, sino, para liberar y sanar a los pobres, y para alimentar la fe de sus discípulos. Algunos creyeron, muchos no. Jesús histórico y Cristo Glorioso son la misma segunda Persona Divina: el Hijo de Dios Padre que pasó por el mundo, haciendo el bien y llamándonos a la conversión.
9. Las circunstancias del tiempo del profeta Ezequiel y del tiempo de Jesús, siguen repitiéndose hoy: la terquedad, la rebeldía, el egoísmo, y la maldad arropada de crueldad, de odio, envidias y violencias, siguen muy presentes en la convivencia social. Por eso, el mensaje misericordioso y de vida de Jesús cobra urgencia y exige testigos, profetas y apóstoles. Hombres y mujeres, niños y jóvenes, matrimonios y familias, están llamados a ser discípulos. La sociedad los reclama y Puerto Rico los necesita para sembrar la paz, la concordia, la esperanza, el servicio y arraizar nuestros valores más profundos. Despierta Puerto Rico, levántate y vive la fe cristiana que sembraron nuestros abuelos y que tantos hombres y mujeres han testificado a través de nuestra historia. En tiempos de crisis, abracemos al Dios de la Vida, manifestado en su Hijo Jesucristo y dador de su Espíritu, para que tengamos vida, y vida en abundancia. ¡Qué Dios les bendiga!

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