“Una orden para el cierre total de las iglesias atentaría contra el bien de las almas, además de ser innecesario y arbitrario”, expresó el Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres.

Haciendo la salvedad de que es necesario esperar por lo que diga finalmente la nueva Orden Ejecutiva y como respuesta a las declaraciones publicadas en la prensa del Secretario de Salud que anticipan  un posible cierre de iglesias en Puerto Rico, Monseñor Fernández Torres recordó que la libertad religiosa es un derecho fundamental que cobija a todo ciudadano por lo que exhortó al gobierno a respetarlo y a ser razonable al momento de imponer nuevas medidas restrictivas para atender un repunte en los casos de COVID-19 reportados en la Isla. El obispo Fernández reclamó que se reconozca el servicio que dan las iglesias como un servicio esencial.

“Nosotros hemos establecido e implantado un protocolo con medidas más restrictivas de lo establecido en la Guía del gobierno para la reapertura de las iglesias y hemos demostrado nuestra disponibilidad de colaborar con el gobierno para evitar la propagación. Ello, unido a la realidad de que las Iglesias no han sido focos de infección, hace de una orden para el cierre total de las iglesias una medida irrazonable e injustificada. Siendo ello así, invitamos al gobierno a hacer un análisis cuidadoso, ponderado y justo que no imponga medidas que resulten más onerosas de lo necesario, sobre todo cuando hay de por medio un derecho fundamental protegido por nuestra constitución. El prelado aseguró que hay otras formas de velar por la salud de los fueles y evitar la propagación del virus sin tener que cerrar las iglesias.

Al respecto, señaló que el protocolo de la Diócesis de Arecibo establece las medidas sobre toma de temperatura, uso obligatorio de mascarillas y distanciamiento social. Además, una carta emitida por el Vicario General de dicha diócesis dispone que en caso de una persona que haya participado de una celebración dar positivo al Covid 19, se procederá al cierre inmediato y desinfección certificada del templo, aislamiento social y notificación a la feligresía.  “Ese protocolo se ha seguido y aun cuando no podemos predecir las acciones de todos los ciudadanos que voluntariamente asisten a una celebración, no existe constancia alguna de que las parroquias hayan sido foco de infección”, amplió.

Exhortamos a los fieles creyentes a orar por la sensatez de nuestros gobernantes y esperemos que las medidas a tomar en un futuro próximo sean cónsonas con los principios de libertad religiosa y salubridad pública. Una cosa es cierta, la fe no es ninguna “patología” como algunos tratan de insinuar. Por el contrario, es el alma de un pueblo en sus luchas, y su fortaleza en las pruebas.

Oficina de Comunicaciones

Diócesis de Arecibo

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