“No tengan miedo a las sorpresas, dejen abiertas puertas y ventanas”, ha expresado el Papa Francisco en un encuentro con fieles de su diócesis de Roma en preparación a la fase diocesana del Sínodo de los Obispos que va en camino y que se extenderá hasta octubre de 2023.

El Sínodo ha tenido su apertura en Roma el pasado 9 y 10 de octubre con representación de diversos fieles de conferencias episcopales de todo el mundo y miembros de la Curia Romana. La misa de apertura en la Basílica de San Pedro fue precedida por un encuentro en el Aula Nueva del Sínodo en el cual hubo oportunidad para invocar al Espíritu Santo, la oración y la escucha de varios testimonios desde diversos puntos del mundo.

“Con esta convocatoria, el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre un tema decisivo para su vida y su misión: «Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Este itinerario, que se sitúa en la línea de la renovación de la Iglesia propuesto por el Concilio Vaticano II, es un don y una tarea: caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión”, manifestó Padre Obispo Rubén A. González Medina, CMF. Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña.

El proceso de escucha que pretende este sínodo se expresará de manera especial a todos los rincones del mundo con la oportunidad de auscultar el sentir de la Iglesia desde las periferias hasta el centro, teniendo presente que todas sus áreas son importantes en el “caminar juntos”. “El gran objetivo del camino sinodal es que Cristo viva en nosotros, que Cristo viva en la Iglesia. Es una llamada a que ninguna de las comunidades creyentes, por aisladas que se puedan encontrar geográficamente, queden al margen del proceso de renovación”, aseveró el también Obispo de Ponce.

Por otro lado, la Iglesia local de la Arquidiócesis de San Juan tuvo la experiencia de celebrar un Sínodo Arquidiocesano entre 2006 y 2007 que contiene algunos paralelismos en la escucha de la Iglesia a todos sus fieles. “Ese sínodo que se llevó a cabo en los primeros años del episcopado de Mons. Roberto González, nuestro pastor, tiene similitudes y diferencias evidentes con el propuesto”, dijo Mons. Alberto Figueroa, obispo Auxiliar de San Juan.

Los sínodos son una herramienta que tiene la Iglesia para atender diversos temas y asuntos en las iglesias locales. En el caso del Sínodo Arquidiocesano se tuvo la oportunidad de escuchar la realidad de la Iglesia local y sus parroquias, sus necesidades y propuestas en torno a un programa pastoral. “La participación en el Sínodo Arquidiocesano fue uno de gran integración de sus componentes. La variedad de laicos, religiosos, diáconos y sacerdotes que participaron presencialmente y en las comunidades levantó mucho la ilusión de nuestra gente. Esto es lo que se quiere con el Sínodo sobre sinodalidad. Aportar lo que somos y sabemos. Luego aprender y poner en práctica todo el contenido de un camino sinodal”, expresó Padre Rodney Algarín, Vicario de Pastoral de la Arquidiócesis de San Juan.

Por su parte, Mons. Alberto añade: “La gran diferencia es que en estos momentos la palabra más importante no es tanto “sínodo”, sino “sinodalidad”. De hecho, la palabra sinodalidad es prácticamente nueva y denota que se quiere hacer algo más que realizar una gran asamblea, se trata, como lo hemos dicho hasta la saciedad, no tanto de trazarnos metas o de establecer un itinerario, se trata de hacerlo juntos, de caminar juntos. Terminado el Sínodo ha de continuar, con más fuerza todavía, la sinodalidad, que es “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. (Documento Preparatorio 1).

Jonathan Colón Hernández
Para El Visitante

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