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Puerto Rico emprende camino para profundizar en un camino juntos como Iglesia y para salir de nuestras realidades a llevar la Buena Nueva del Evangelio más allá de los límites autoimpuestos; para profundizar en la sinodalidad y misionariedad. En ese contexto más de un millón de jóvenes, entre ellos una multitud de boricuas, peregrinaron a tierras portuguesas para la Jornada Mundial de la Juventud 2023. Lisboa, ciudad capitalina, acogió al Papa Francisco y a una multitud incontable de peregrinos que le acompañaron en varios días de celebraciones y encuentros para profundizar en ese “hagan lío” yhacer el bien que el Sumo Pontífice les insiste a los jóvenes desde inicios de su pontificado. 

Es cierto, los jóvenes son clave para la sinodalidad y la misión. Su ánimo y alegría serán determinante en el aporte que la Iglesia clama, casi a tono de renovación y autoevaluación a todos los sectores y estructuras. Hacer líos y hacer el bien, con las obras de misericordia como una llamada a soñar y amar como en un diálogo con Jesús. El Papa Francisco dictó en tierras portuguesas: “La caridad es el origen y la meta de camino cristiano”. Y al que le tenga asco a la pobreza le aclara que “el amor concreto es ese que se ensucia las manos”.

Puerto Rico cuenta con miles de jóvenes que fueron protagonistas y testigos de una JMJ con el Papa Francisco. Jóvenes que distinguen bien el acontecimiento de una experiencia sencilla. Ese acontecimiento exige compartir lo vivido, eso que los transformó, provoca un fuego interior y que propone contagiar amorosamente al prójimo -que es mi próximo-. En palabras sencillas, a dar frutos en las comunidades parroquiales.

Abramos el corazón para la gracia que traen los peregrinos de Lisboa. Ellos son parte integral e indispensable del pueblo de Dios, que es el protagonista del camino juntos que emprendemos como Iglesia y ese ir a la calle para llevar la Buena Nueva con innovación y ardor. Recordemos el anuncio del ángel a María (lema de la JMJ Panamá 2019). Luego de contemplar, pareciera que el Papa le dice a la juventud ¡levántate! Y ellos, como María “se levantó y partió sin demora (Lc 1, 39) (lema de la JMJ Lisboa 2023), hacen lo propio para responder la llamada de la Iglesia en la actualidad. Ambos relatos hablan de una María que luego de contemplar, ¡se levanta!, camina, es misionera, es llena de caridad y es presencia de Cristo vivo. Ánimo a los jóvenes peregrinos y en su misión sinodal.

Ampliando

Amor vs. Dinero, ¿quién vence al final?

El refranero popular dicta que el amor y el dinero (interés) fueron al campo un día, pero más pudo el dinero (interés) que el amor que se tenían. Creo que ha habido una confusión al estilo de la gimnasia vs. magnesia porque al enfrentarlas en la colchoneta de gimnasia la magnesia se queda en un frasco y no puede competir… Digo que el amor y el dinero se encuentran en dos dimensiones distintas y querer enfrentarlas significa sublimar a uno y degradar al otro. Sería tan confuso como enfrentar al león con el tiburón. Solo elijes el ring en el agua o en la tierra y hay un perdedor instantáneo que murió por asfixia sin siquiera dar una campanada. Revisemos el dinero y el amor por un momento.

El dinero tiene que ver con la libertad financiera en el mundo material en el que vivimos. Con preparación, esfuerzo, responsabilidad, constancia y trabajo el dinero llega. No es ni un mal ni un bien necesario. Es un medio de intercambio social con el que se obtienen bienes y servicios. Una herramienta. Aunque como le pasa al martillo, la intención del usuario cuenta muchísimo. Dice el mismo refranero: ¡No es la flecha, es el indio! Cuidado, si la intención en el corazón está torcida, ahí sí hay peligro…

El amor tiene que ver con la felicidad, una verdadera que rodea al ser de manera absoluta. El amor es la llamada de Dios y es Su rostro que se revela en Jesucristo. Se manifiesta en las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Es sacrificio y perdón. Es la misericordia de Dios y su acción que se mueve silenciosamente en el mundo. No hay forma de explicarlo o definirlo del todo. Su entendimiento es limitado porque al final el amor es misterio. En el caso de las parejas, se habla del amor cuando se señala a ese vínculo sagrado y especial crece y en su momento une a los esposos en el sacramento. También, esa conexión única que llega a su culmen en el sacramento bien vivido es misteriosa. 

Solo con estas líneas se puede intuir que se puede ser libre financieramente y no haber encontrado el amor, la felicidad. O se puede vivir con mucho amor y a la vez en una situación económica bien limitada. El problema viene con la confusión.

Al final, cada uno de nosotros somos únicos, especiales e irrepetibles. Encontrar la persona correcta abre la puerta a una felicidad relativa en este mundo, recordando siempre que la felicidad plena está en la patria celestial. Por eso, no hay transacción o vencedor. Solo revisar la rectitud del corazón y cuánto anhelamos el amor de Dios. ¿Qué hay en el corazón?

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com

@Enrique_LopezEV

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