Mons. Juan Roldán Coss celebra ser misionero en Borinquen por 60 años de ministerio sacerdotal. “Por la misericordia de Dios ya son 60 años. Es la gracia de Dios, un don de Dios porque Él ha querido que sea sacerdote”, sostuvo con alegría Mons. Roldán. El sacerdote natural de San Lorenzo, explicó que la vocación es un misterio de Dios. Su vocación comenzó por una fuerte atracción por la Palabra de Dios a mediados de la década del 40. Escuchó la Palabra a través de los Hermanos Cheo y de unos amigos de gran fe. Luego, un compañero seglar pensó que podía tener corazón sacerdotal, “yo nunca había pensado en esto porque en esos tiempos no se hablaba de la vocación sacerdotal como ahora, tan abiertamente”.

En el 1948, por la providencia de Dios, llegan a sus manos las historias de varios santos que lo conmovieron y lo impulsaron a ingresar al Seminario San Idelfonso en Aibonito, mientras que su familia emigró a Nueva York por la difícil situación que se vivía en Borinquen. Algunos de sus compañeros en el seminario fueron Padre Jorge Ambert, SJ, Mons. Marcos Pancorbo, Mons. Pedro Ballester, Mons. Francisco Vélez, Mons. Rafael Fontánez, y Mons. Ricardo Suriñach (quien fue Obispo auxiliar de Ponce).

Como su familia vivía en el Bronx, pidió al Obispo Davis estudiar la teología en la Universidad de Our Lady of Angels en Nueva York. “Mons. Davis era todo un caballero, un hombre muy noble y amable con sus seminaristas”, recordó Mons. Roldán. Fue en el mismo Bronx, en la parroquia Saint Joseph, donde el Obispo auxiliar Mons. José María Perniconi impuso sus manos sobre él durante la mañana del 22 de diciembre de 1956. “Lo único que me decía antes de la ordenación era ‘Dios mío, si voy a ser un mal sacerdote es mejor que me mates ahora mismo’. Todavía hoy me lo digo, prefiero morir antes de faltar a mi Señor porque el sacerdocio es algo muy serio”, sostuvo.

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Luego de su ordenación, llegó a Puerto Rico a ejercer su ministerio en varias parroquias como Sagrado Corazón y San Jorge en Santurce y Nuestra Señora de la Altagracia en Río Piedras. Trabajó también en Quebradillas, Canóvanas, Caguas y Florida. “Mi experiencia con el pueblo ha sido magnífica”, describió sobre el trabajo en las comunidades. Entre anécdotas recordó con cariño una de las misiones rurales que realizó. “En una andanza de esas llegué a una casa y le pregunté el nombre a una señora. Ella dijo: Teófila. Le dije: ‘Ese nombre es bien precioso, usted es amiga de Dios, eso es lo que significa su nombre’. Ella se prendió de tal modo que comenzó a ir a misa diaria y fue mi mano derecha y mi izquierda”.

Fue nombrado Director del movimiento cooperativo y coordinador de la Acción Social Católica. Estudió cooperativismo en la Universidad de San Francisco Javier en Nueva Escocia, Canadá, y recordó que la Iglesia favoreció fuertemente al cooperativismo y “casi lo hizo imperativo”. Él mismo fue cofundador de varias cooperativas. Así, también resaltó la labor de Mons. Antulio Parrilla (quien fue Obispo auxiliar de la Diócesis de Caguas) y del Padre McDonald, ambos padres del cooperativismo puertorriqueño, con quien compartió en el tiempo del desarrollo del cooperativismo.

Otro de sus atesorados recuerdos fue cuando ejerció como ayudante de Cardenal Luis Aponte Martínez, de feliz memoria, desde el 1972 al 1975. Lo describió como un amigo de toda la vida y recordó el gozo de la noticia cuando lo nombraron Cardenal en 1973. Estaba de regreso de una asignación en Nueva York para unificar unas comunidades hispanas y acababa de salir del Aeropuerto Luis Muñoz Marín. “Escuchaba la radio, me enteré de la gran noticia: nombraron Cardenal a Mons. Aponte. Me llené de una alegría tremenda. Me uní a la alegría del Cardenal, fue un tiempo de un gozo tremendo”, dijo.

Para Mons. Roldán, el Cardenal fue un “señor y medio, fue muy querido; mandaba e iba también, un gran administrador que se preocupaba mucho de dónde estaban sus sacerdotes. Quería saber dónde estaba uno”.

Ante la interrogante de qué falta por hacer, contestó: “Tenemos que terminar un proyecto”. La Casa de Retiros que lleva su nombre en el Barrio Beatriz de Caguas pudiera abrir sus puertas nuevamente para dar retiros o ser una casa para ancianos. Monseñor Roldán busca una familia o líderes que pudieran dar continuidad a este proyecto. Los interesados pueden llamar al 787-761-5805.

 

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