Mensaje en ocasión del Conversatorio: Cambios en la Reforma Federal de Inmigración

Por Roberto Octavio González Nieves, O.F.M.

Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico

Escuela de Derecho, Universidad Interamericana

Sábado 18 de marzo de 2017

  1. SALUDOS:

Quisiera comenzar agradeciendo la presencia de cada uno, de cada una de ustedes, y de una manera especial a las personas quienes estarán dirigiéndose a ustedes en este conversatorio:

  • Prof. Annette Martínez-Orabona Directora  del Instituto Caribeño de Derechos Humanos adscrito a la Clínica de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico
  • Padre Enrique Camacho, Director de Cáritas de Puerto Rico
  • Lcdo. Edgardo Román,  Vicepresidente del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico
  •  Lcda. Taileen Negrón Rivera de la Comisión de Asuntos del Inmigrante Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico
  • Lcdo. Robert Millán Santiago, Miembro de la Junta de ACLU,  Miembro del Comité de Acción sobre Asuntos Migratorios
  • Liza M. Gallardo Martín Directora Ejecutiva , Amnistía Internacional Puerto Rico
  • Johanne Vélez-García, JD ,  Asesora del Gobernador en Calidad de Vida y y Directora Ejecutiva del Concilio de Mujeres
  • Rolando Acosta, Director  de la Oficina de Inmigrantes del  Municipio de San Juan

También, quisiera agradecer la presencia del Imán Yunus Fasasi representando a la comunidad musulmana en Puerto Rico y a todas aquellas manos invisibles que sé que han colaborado grandemente en la celebración de este conversatorio.

  1. MENSAJE

Uno de los asuntos más relevantes de las pasadas elecciones generales en los Estados Unidos fue el asunto de inmigración. Luego, con el resultado electoral, la implantación de varias órdenes ejecutivas y la propuesta construcción de un muro como medidas para frenar la inmigración ilegal, han hecho del asunto de la inmigración uno de los temas más álgidos de la sociedad y la política estadounidense.

En este asunto han aflorado las distintas visiones sobre la inmigración y los inmigrantes. Por ejemplo:  se ha dicho que son medidas para la seguridad nacional, otros han dicho que son medidas para discriminar, para perseguir, para criminalizar, para servir de filtro de las distintas razas y religiones de inmigrantes.  Sabemos que el muro es para evitar la entrada de latinos a los Estados Unidos de América y que las órdenes ejecutivas son para frenar la entrada de musulmanes.

Aunque se dice que estas medidas tienen que ver más con los futuros inmigrantes, existe la legítima preocupación de los inmigrantes que ya están dentro de la nación americana y sus territorios. La realidad es que se estima que en los EEUU como en sus territorios hay sobre 10 millones de indocumentados.

Puerto Rico ha sido un destino favorito por siglos de inmigrantes. Aquí, en Puerto Rico han llegado durante las últimas décadas cientos de miles de ciudadanos dominicanos, muchos de ellos sin documentos. A ellos, se han sumado cubanos, haitianos, colombianos y venezolanos.

Hoy aquí estaremos abordando la situación de estos hermanos y hermanas, sus derechos, sus necesidades, y nuestro deber de acogida.  Nuestros invitados estarán abordando la situación  de los inmigrantes desde distintas perspectivas, este servidor lo estará haciendo desde la perspectiva de la fe.

Primero: La cuestión de los inmigrantes, de los refugiados, de los extranjeros es un asunto muy de moda ahora, y desde hace 50 años, en los pasados siglos, en tiempos de Jesús y en tiempos de los judíos, en el Caribe, en las Américas, y en todos los continentes. No es un asunto nuevo, de ahora, sino, que es un asunto de todos los tiempos pues no se trata de cifras, ni de colores, ni de idiomas, ni de culturas, se trata de algo más, de algo fundamental, de vidas humanas, de la dignidad humana, es la movilidad humana, el derecho del ser humano a vivir, a disfrutar de la creación del Creador.  Dios creó sin fronteras, sin muros, sin divisiones, sin parcelas. Él nos forjó de la tierra, significando que toda la tierra es para el disfrute de todo humano.

Segundo: Dios no ignora la situación  de los inmigrantes, sus necesidades ni sus sufrimientos. Nosotros tampoco debemos hacerlo.  Dijo Dios a Moisés y a su pueblo en el éxodo: “No oprimirás al extranjero. Ustedes saben muy bien lo que significa ser extranjero, ya que lo fueron en Egipto” (Ex. 23, 9). Dos claros mensajes: al extranjero no hay que oprimirlo, no hay que perseguirlo, no hay que hacerle daño ni arruinar su existencia. Segundo mensaje: es menos entendible aún oprimir, y  no socorrer a los inmigrantes. Eso no hace sentido, inmigrantes contra inmigrantes porque de alguna manera todos somos descendientes de generaciones y generaciones de migrantes.

Se trata de un llamado a la solidaridad entre inmigrantes, con papeles o no; descendientes o ascendientes. No oprimir es otra manera de decir: respetar, preocuparse, ocuparse. Si alguien necesita atención, acogida, cuidado es el inmigrante. Ellos y ellas son los más vulnerables en la sociedad pues el sufrimiento no solo es material, sino espiritual, social, sicológico, cultural.

Más aún, Dios se nos presenta en el libro del Deuteronomio como Aquel quien “ama al extranjero” (10, 18)y en el Salmo 146, dice que Dios protege al extranjero. Imitar a Dios es amar como Dios ama, amar a quienes Dios ama y proteger a quienes Dios protege. El que condiciona a qué persona amar, condiciona su amor por Dios y profesa una fe de exclusiones una fe selectiva. Y, una fe así, es una fe lenta, prejuiciada y distinta a la verdadera.

Un presidente, un gobernante, el poder legislativo, el judicial están llamados a ver al inmigrante, al extranjero no solo desde el espíritu de la ley sino desde otro espíritu, el de Dios. Salomón, quien oró por sabiduría a Dios y Dios se la concedió, exhortaba a su pueblo lo siguiente: “Escucha tú desde el cielo, desde el lugar donde habitas, y concede al extranjero todo lo que te pida. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre, sentirán temor de ti cómo tu pueblo Israel, y sabrán que esta Casa, que yo he construido, es llamada con tu Nombre.”

Eso mismo se lo podemos decir a los gobernantes del mundo, a los pueblos del mundo, escuchar, escuchar el reclamo de los inmigrantes, ayudarlos, socorrerlos. No podemos tenerlos en una especie de terrorismo migratorio. Es un mandato no solo a no perseguirlo, sino a estar atentos a sus necesidades, que son muchas, que no solo son de pan, sino de amor, de caridad, de misericordia y de fe.

Esto es que lo nos ha dicho el Todopoderoso en el Antiguo Testamento como Padre Creador; pero ¿qué nos ha dicho a través de su Hijo Jesús?

Un buen ejemplo para mostrar el mensaje de Jesús sobre el trato a los inmigrantes es la parábola del Buen Samaritano. Samaritanos y judíos no se llevaban. El herido estaba en un camino peligroso, un camino de riesgos. El Samaritano se olvida del prejuicio por raza, del prejuicio por fe, del prejuicio social y qué hace? Ayuda, socorre, aún cuando hay peligros, cuando hay riesgos, cuando no hay fotos, cuando no hay cámaras.

“Fui forastero y no me alojaron…” nos dice Jesús en un texto bíblico que se conoce como el juicio de las naciones. (Mt. 25, 43). Para más adelante decir: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna». (Mt. 25, 46)

Jesús más claro no puede ser: no acoger a un o a una inmigrante es no acoger a Jesús mismo. Él se pone como un forastero en este mundo. Él mismo tuvo que inmigrar junto a su madre, María, junto a su padre, José, a Egipto. Tuvo que inmigrar huyendo del poder político que lo quería matar. Huyó temiendo por su vida, es la historia de una familia: padre, madre e hijo que huyen es la historia. Esa es la misma historia que vemos hoy día en tantas familias.   ¿Cuántos huyen de sus países temiendo por sus vidas? ¿Buscando mejor salud, empleo, oportunidades y libertad?

A los que estamos aquí, les quisiera agradecer todo el bien que hacen. Es lo que el Papa Francisco ha llamado como el océano del bien.

“Ese bien tiene el rostro de los que socorre a las víctimas de los bombardeos en Siria”, de quienes “reciben a los migrantes sin ceder a la tentación de cerrarse, de quien no se resigna a ver en el otro, en el diverso a un enemigo”; de quien trabaja “por los niños y jóvenes sin futuro; de los voluntarios en los hospitales; o de quien comparte el tiempo con los ancianos de nuestras ciudades”. (zenit.org)

Y, nos invita a:

“vencer la globalización de la indiferencia” la “petrificación del corazón, que nos hace acostumbrarnos a los coches bomba y a su brutal carga de muerte, a los inmigrantes que se ahogan en el Mediterráneo en barcazas transformadas en ataúdes, a los sin techo que mueren de frío en nuestras calles sin que esto sea noticia”. Porque “la vida nos ha sido donada y se nos ha invitado a compartirla interesándonos de los demás”. (Ibid)

Puerto Rico es una isla no solo bañada por el océano de agua, sino por el océano del bien que tiene rostro en ustedes y en miles  y miles de personas que no se cansan de hacer el bien.

No quisiera concluir sin decir que la Iglesia no solo es casa de oración, sino casa de todos y todas donde no hace falta un pasaporte, casa de inmigrantes y esto es así porque es casa de Dios, del Creador que nos atrae a todos y todas hacia sí. Queremos ser una Iglesia en Puerto Rico no solo que ora por y con los inmigrantes, sino que los acoge, los socorre, los protege y se solidariza con porque todos somos hermanos y hermanas, hijos e hijas  del Autor de la Vida.

Que el Señor les bendiga y les proteja siempre.

 

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