La oración es un encuentro espiritual del ser humano con Dios desde la óptica de la necesidad y del amor; puede ser de alabanza, de meditación o de contemplación. Hay personas que prefieren rezar, que es una forma repetitiva como el Santo Rosario. Cualquier estilo que usemos, para acercarnos al Padre siempre y cuando sea para agradarlo, es válido.

Para orar hay que tener una disposición clara y definida que nos permita la comunicación con el Señor. La oración puede ser de petición, que es presentar la necesidad que tengo pidiendo ayuda; uno recibe la iluminación divina que nos permite ideas y soluciones.

Abraham en un diálogo con Yavé se atreve a entrar en una especie de negociación; él sabe que el Señor está lleno de misericordia y aprovecha para interceder por las ciudades de Sodoma y Gomorra. Nada impide que conversemos con Dios como un gran amigo, exponiéndoles los asuntos que me llevan a Él, buscando iluminación para solución. Es importante que yo esté incluido en el resultado de mis problemas; no dejarle todo al Maestro. He sido testigo de momentos de oración en donde los fieles exponen sus dificultades al Señor pidiendo que Él lo solucione todo, mientras los peticionarios no tienen la más mínima intención de cooperar, ejemplo: “Señor ayuda a mi madre enferma, que me hace sufrir a mi también”. Tal vez sería mejor: “Señor dale la salud a mi madre e ilumíname que puedo hacer para que ella cure”. En este caso pido a Dios, pero yo también me ofrezco a ser parte de la solución.

Padre Kharlosg López Cruz
Para El Visitante

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