Desde la media noche el pueblo cubano y peregrinos de toda Latinoamérica comenzaron a llegar a la Plaza de la Revolución en la Habana, Cuba. Los ánimos crecieron de forma exponencial desde las 7 de la mañana hasta la llegada de Francisco cuando la multitud impresionante se creció en cariño por el Papa que pasó por todos los rincones de la plaza.

En el altar, se destacaba un Cristo Resucitado y la imagen de la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. El calor abrazador no desanimó a los fieles que gritaban y cantaban previo al inicio de la misa.

Su homilía se centró en los rostros sufrientes y la vocación de servir y de cuidarnos amorosamente los unos a los otros. Además, realizó la distinción entre lo ideológico y lo evangélico.

“Cuiden y sirvan a la fragilidad de sus hermanos. […] Quien no vive para servir, no sirve para vivir”, concluyó el Papa Francisco frente a la multitud silenciosa.

Al final, el Cardenal Ortega, Arzobispo de la Habana agradeció al Sumo Pontífice por su cercanía con el pueblo cubano dentro y fuera de Cuba. Luego, el Papa agradeció al pueblo, a los obispos y al presidente cubano. Dirigió un mensaje especial a Colombia por la violencia que vive el pueblo hermano. Luego de la plegaria a la patrona de Cuba realizó el Ángelus y bendijo al pueblo. “Por favor les pido que no dejen de rezar por mi”, dijo al final de la Misa.

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