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“La ternura es el amor que se hace cercano y concreto. Es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos”. Estas palabras del Papa Francisco expresan el deseo de Pablo Enrique Marrero Caraballo para el ministerio que realiza en la Parroquia San Esteban Protomártir en Toa Alta. Tiene 62 años, es natural de Barranquitas, esposo, padre y Ministro extraordinario de la Comunión, servicio que realiza hace 18 años.

De pequeño recibió los sacramentos de iniciación cristiana, pero no contó con el ejemplo ni el apoyo para continuar profundizando en su vida de fe. Ya de adulto empezó a practicar el catolicismo comprometidamente. ¿Qué pasó antes? En medio de una situación matrimonial difícil, su esposa asistió a una misión parroquial y, al llegar a la casa, le insistió a su esposo: “tienes que ir, tenemos que ir”. 

Pablo contó, en entrevista con El Visitante, que, desde entonces, empezaron a ir a la iglesia. “Surgieron las preguntas, encontramos respuestas, y cuando vimos que sin el Cuerpo y la Sangre de Cristo no podíamos vivir, quisimos hacer de eso nuestra razón de vida”, expresó.

Tiempo después, Pablo respondió al llamado de ser ministro de la comunión y su esposa le acompañaba fielmente en el apostolado. Hoy día, ambos sirven juntos en el ministerio. Su llamado estuvo presidido de un compromiso que también hicieron como matrimonio y que está igualmente relacionado con la Eucaristía: cuidar a aquellos que cada día hacen presente a Jesús en el altar para alimentar al pueblo santo de Dios.

“Primero nos planteamos la pregunta de en qué podíamos servir y discernimos que era estar junto a los sacerdotes. Así lo hemos hecho. Estar para cuidarlos, estar disponibles para cuando ellos necesiten algo, velar que estén bien, que estén bien alimentados y poder servir en lo que podamos”, dijo con tono paternal.

Una vez instituido ministro, Pablo acogió en su corazón la misión de ser expresión de la ternura de Dios y es lo que procura poner en práctica con cada enfermo y con cuantos se encuentre. “Ha sido lo más bello que he recibido en mi vida: poder llevarles esa alegría y esa ternura de Dios, llevarles lo más grande que es la Eucaristia. Salimos tan fortalecidos de sus casas porque vemos la transformación en ellos que sabemos que la hace el Espíritu Santo”, manifestó con alegría. Asimismo, dijo que llevarles la Comunión es descubrir, una y otra vez, que “Dios está con ellos, los visita a ellos y nos visita también a nosotros”.

Finalmente, y movido por dicha experiencia, aseguró: “Quiero seguir haciendo esto hasta que Dios me lo permita”.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante