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Visitar enfermos venía siendo para ella, desde la niñez, algo “natural”. Lo veía en su mamá, a quien muchas veces acompañó para realizar esta obra de misericordia corporal. Hoy, al repasar su historia, entiende aquello como una preparación para lo que, de adulta, recibiría como invitación especial de Dios en el ministerio de llevar la comunión a los enfermos. Se trata de Rosa María Nieves Rojas, de 59 años, natural de Quebradillas, donde mismo sirve, en la Parroquia San Rafael Arcángel. 

Rosy, como la conocen, compartió, en entrevista con El Visitante, lo que ha sido para ella, en estos casi tres años que lleva como ministro extraordinario de la Comunión, la experiencia de llevar a los enfermos el alimento del alma. Sin poder aguantar las lágrimas, expresó: “Como ministro, sabes que llevas a Cristo y recibes a Cristo. Ves con la fe y la devoción con que la mayoría de los enfermos espera ese momento. Es una experiencia extraordinaria, tan hermosa”.

Conmovida al hablar sobre el misterio de llevar a Jesús en la Eucaristía y, al mismo tiempo, encontrarse con Él, no sólo en el enfermo, sino también en sus cuidadores, Rossy usó la imagen de “ser tocados”. De modo que, aún tratándose de un hecho sostenido por la fe, es una experiencia que se siente en la propia piel.

“Tocamos a Cristo cuando lo buscamos en el Sagrario y lo repartimos. Él toca al enfermo, pero también toca al ministro, estamos siendo tocados”, dijo con asombro y reverencia. Quienes conocen a Rosy, pueden dar fe de su profunda devoción a la Eucaristía y su fidelidad a la Iglesia. Sin embargo, ella misma reconoce que, ser ministro ha marcado un antes y un después que se sigue renovando.

Asegura que este ministerio le ha ayudado “para crecer y para ver más de cerca el hambre de Dios. Muchos de ellos lloran al recibir a Jesús. Siempre he reconocido el valor que tiene la Eucaristía, pero al llevar la Eucaristía al enfermo, ese encuentro de Cristo con ellos, que son otros cristos, es como volver a reconocer lo grande que es el Sacramento”. Por eso, ahora, más que antes “procuro comulgar todas las veces que pueda”.

La visita a los enfermos que hace durante la mañana de cada domingo y de los días que haga falta con tal que ningún enfermo se quede sin comulgar, es, además, una escuela de humanidad que recuerda la fragilidad humana y “ayuda a ser más misericordiosos”.

Asimismo, Rosy manifestó que los ministros de la comunión “somos portadores de Cristo y estamos dispuestos a defenderle con la vida”. Tanto ha calado en ella esta misión que, incluso, ha pedido ya a sus hijos: “Cuando muera, quiero ir revestida de ministro”.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante