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Historias como las de Elvin Negrón, respaldan esa conocida frase de que “un hijo de María nunca perecerá”. Su testimonio es prueba de las delicadezas de la Virgen, comprometida con aquellos que le fueron encomendados. Nacido en Mayagüez y criado en Quebradillas. Fue bautizado de pequeño y recibió la Primera Comunión, pero su familia no frecuentaba la iglesia, salvo en ocasiones como Semana Santa. 

“Cuando pequeño, una amiga de la escuela me invitó para un grupo de la Legión de María, fui como por tres meses y ahí fue que conocí a la Virgen”, recordó en entrevista con El Visitante. Luego, su camino se vio torcido. Sufrió una depresión y “empecé a mezclar pastillas psiquiátricas con otras drogas”. Cuando tenía, aproximadamente, 30 años de edad, intentando dejar el vicio, se fue a Nueva York, pero todo empeoró.

Más adelante, quedó en la calle. “Me conseguí una ganguita de boricuas. Ellos me enseñaron to’ el traqueteo y cómo se robaba”, expresó con sencillez. “No tenía ninguna esperanza, nadie me quería, me sacaba la policía de los sitios porque estaba drogado, […] era un desastre”.

Así vivió cuatro años de su vida, refugiándose en los trenes y debajo de los puentes, con temperaturas extremas en invierno y verano. “Un día, me nació una oración tan simple: Señor, dame una oportunidad, yo quiero cambiar. Al otro día cuando me levanté, que me fueron a buscar, yo dije que no. Fue un proceso largo. […] Parecido a la historia de la multiplicación de los panes, lo único que yo tenía era el deseo de cambiar”, dijo Elvin.

Y su realidad, tuvo el mismo protagonista del mencionado milagro: “yo hice lo que podía hacer, pero la obra es de Dios”, aseguró. Buscó un trabajo honrado, y he aquí otra cosa interesante: “Mi jefe me mandaba jugar lotería y, en aquel sitio, la que atendía era la que es ahora mi esposa, y ahí la conocí. Ese fue el regalo que me hizo el Señor que me arremetió para cambiar. Ya había alguien que se fijaba en mí, ya había un propósito más para cambiar”, contó con cariño.

Su esposa y él recibieron el sacramento de la Confirmación y el Matrimonio. Entonces, “yo le había pedido a la Virgen que quería volver a pertenecer a la Legión. Un día fui a confesarme y vi el grupo de la Legión reunido y dije: ¡mira lo que hay aquí!”. 

Hoy día es el único hombre que forma parte de ese grupo en la parroquia La Anunciación en Manhattan. Hace menos de un año, hizo su consagración a María. Elvin es esposo, padre, talentoso artesano y un enamorado de la Virgen, a quien ha recibido como uno de los mayores regalos en su vida: “Yo digo: ¡Señor, tú estás loco! ¿Cómo me vas a dar a tu Madre a mí que soy un pecador? Es una gran herencia; Ella ha tenido mucho que ver en mi vida”.

Vanessa Rolón Nieves

Para El Visitante