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Recibimos nuestro amado planeta Tierra perfectamente habitable y lo debemos dejar en heredad perfectamente habitable. En lo que respecta a la crisis ambiental el Papa Francisco urge detenerse y “analizar, interpretar, discernir lo que conviene o no”. Sobre la minería submarina se enfrentan la posibilidad de desarrollo económico con el daño ambiental irreversible. Ya el sentido común dice que este tema va por mal camino. La minería submarina, también conocida como minería oceánica o en el fondo del mar, es la extracción de nódulos, costras de manganeso o depósitos de sulfuros ricos en metales mediante bombas hidráulicas o simplemente tomándolos de alguna manera del fondo para llevarlos a la superficie del barco minero. La práctica se teorizó y experimentó por EE.UU., Francia y Alemania en las décadas de los 60 y 80 con resultados pobres frente a lo proyectado. Aunque la intuición dictaba que era una mala idea, eso no fue suficiente y la fase experimental se abandonó por las pérdidas de cientos de millones de dólares. Pero, el ser humano aveces es obstinado y en años recientes con nuevas tecnologías vuelve a surgir el debate internacional por el hambre o alta demanda de recursos naturales en la guerra o desarrollo de la economía de los países, viejas o nuevas súper potencias.

Noticias internacionales recientes señalan a que China con toda probabilidad dominará esta “nueva” forma de minería con tratos como el que ha realizado con Nauru, país insular en medio del Océano Pacífico que domina un vasto territorio oceánico en el que se encuentran importantes depósitos de estas rocas de varios metales en forma de “papas” en el fondo marino. Aunque la actividad minera en el lecho oceánico es una gran controversia por sus consecuencias medioambientales, le corresponde a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés) la protección y regulación. Este organismo se fundó en el 1994 y surgió de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1973-1982). Por el momento no se ha autorizado a países a minar el fondo marino en aguas internacionales.

Varios países -entre ellos varios insulares- impulsan la minería submarina y una serie de países como República Dominicana, Chile, Costa Rica, Ecuador, Panamá, Brasil y Francia se oponen e insisten en que hay que conocer las consecuencias de esta actividad. Otros no se expresan. En la Asamblea de la ISA del pasado año se debatió una “pausa preventiva” y se estableció una ruta para que en el 2025 se regule y liberen las licencias para dicha actividad. A pesar de ello, el grupo de países opositores urgen a una moratoria ante la amenaza que pudiera tener consecuencias devastadoras en el frágil ecosistema marino ya afectado por la actividad humana. A esto se suman las voces de muchos científicos que advierten del serio impacto medioambiental con consecuencias potencialmente irreversibles. En Puerto Rico muy poco se ha hablado de esto.

Por su parte, el Papa Francisco se ha expresado en varias instancias sobre la crisis ambiental, como ha sido la encíclica Laudato Si’ (2015), la exhortación apostólica Laudate Deum (2023), varios mensajes en viajes apostólicos, catequesis, entre otros. Uno de estos fue su mensaje por el encuentro titulado: La industria minera para el bien común (el 3 de mayo de 2019). Este fue organizado por el Servicio de Desarrollo Humano Integral y participaron representantes tanto de las comunidades mineras como de las industrias. En el encuentro el Papa les invitó a pensar y actuar como miembros de una casa común.

“La promoción de una economía circular y el enfoque de “reducir, reutilizar, reciclar” también están en gran medida en consonancia con el consumo sostenible y los modelos de producción promovidos en el 12º Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Además, las tradiciones religiosas siempre han presentado la sobriedad como un componente clave de un estilo de vida ético y responsable”, sostuvo entonces el Papa con palabras que no pierden vigencia.

Claro, el Papa Francisco por ser latinoamericano conoce de primera mano las problemáticas de las comunidades mineras de los Andes suramericanos. Por ello, en aquel encuentro invitó a “analizar, interpretar, discernir lo que conviene o no de las actividades extractivas en los territorios y así, proponer, planificar, actuar para transformar nuestro propio estilo de vida, incidir en las políticas minero – energéticas de estados y gobiernos, y en las políticas y estrategias de las empresas dedicadas al extractivismo, con miras a alcanzar el bien común y un auténtico desarrollo humano, sostenible e integral”. 

Esto porque como indicó Francisco, “estáis tratando cuestiones que conciernen el futuro de nuestra casa común y el futuro de nuestros hijos y de las generaciones futuras (…) Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos sucederá”.

Enrique I. López López

e.lopez@elvisitantepr.com 

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