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En el libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos narra la defensa que tuvieron que hacerse los Apóstoles, cuando les cuestionaron sobre la curación de un enfermo.  

San Juan, en su primera Carta, habla de la ternura de Dios para con nosotros, por el hecho de ser nuestro Padre y nosotros sus hijos.

En el Evangelio de San Juan Jesús, identificándose a sí mismo como el Buen Pastor, nos dice dos cosas: que el Pastor da la vida por sus ovejas y que las conoce a cada una por su nombre.

Hoy, Domingo del Buen Pastor, queremos felicitar a todos los sacerdotes en su día, en especial a aquellos que ejercen el oficio de pastor, como nuestros obispos de Puerto Rico, nuestros párrocos y sus vicarios. Hoy es el Domingo del Párroco, en que se nos recuerda que los sacerdotes debemos ser como Jesucristo, el Pastor que da la vida por sus ovejas. Recientemente celebramos la Semana Santa, en la que Jesucristo dio cátedra de ser Buen Pastor cuando dio su vida por nuestra salvación.  Jesucristo espera que los pastores de la Iglesia sean como Él. Pero veamos las lecturas ya que nos dan pista de lo que significa ser Buen Pastor.

El Libro de los Hechos nos cuenta que los Apóstoles se metían en problemas por anunciar la Resurrección de Jesucristo y de curar a los enfermos como Jesucristo lo hacía.  El Sanedrín, luego de condenar a Jesucristo a muerte para terminar con Él, se dieron cuenta que el anuncio de la Buena Nueva continuaba y que los Apóstoles eran los continuadores de la obra de Jesús. Por eso era que los perseguían tenazmente, tratando de eliminar el legado del Señor. Ellos persiguieron a los Apóstoles, los encarcelaron, los castigaron, los torturaron, pero ellos no se rendían en el anuncio del Kerygma: la proclamación de la Muerte y Resurrección del Señor. Los Apóstoles estaba conscientes de los peligros que ellos enfrentaban, pero ellos comprendieron que Jesucristo les había dado la encomienda de pastorear a su pueblo. De manera especial, Jesucristo le enfatizó a Pedro tres veces que pastoreara a sus ovejas. Ellos estaban conscientes que, como el mismo Cristo, tenían que dar la vida por sus ovejas. De hecho, menos San Juan Evangelista, todos los Apóstoles murieron mártires.  

¿Qué motivaba a los Apóstoles a dar la vida por esa Iglesia que Jesucristo les encomendó? Primeramente, su experiencia de compartir con Jesucristo Resucitado los convenció del poder de Jesús. Obviamente, la unción del Espíritu Santo en Pentecostés les dio a ellos poder.  Pero, además, hay un factor sin el cual no se puede ser buen pastor y es el amor. San Juan, en su 1ra Carta que es la 2da lectura de hoy, nos habla del amor tierno de Dios nuestro Padre. Los Apóstoles sintieron ese gran amor por Jesucristo y por la gente que Él les confió. Jesucristo, en el Evangelio de hoy, insinúa ese amor cuando dice que el Pastor conoce a cada una de las ovejas: uno las conoce porque las ama y que, por ese amor, se interesa por ellas.  

Una de las cosas que los feligreses aprecian de su párroco es que los quieran, que se interese de los sueños, luchas, familia, bienestar, etc. Los sacerdotes proclaman que son personificación de Jesús y Jesús es amor. Eso es precisamente lo más que esperan los fieles de sus pastores, que encarnen el amor de Jesucristo.

Padre Rafael “Felo” Méndez

Para El Visitante