Con motivo de la fiesta por  Pascua de Resurrección los cinco Obispos que componen la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico enviaron un mensaje al pueblo santo de Dios por el acontecimiento más importante de la Iglesia Católica.

Mons. Roberto O. González Nieves, OFM

Arzobispo Metropolitano de San Juan

Hoy suenan con gran esplendor las palabras del ángel a las mujeres en la madrugada de la Resurrección: “…No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado…” (Mt. 28, 5-6).

Estas palabras lo cambiaron todo. Cambió el sentido de pesar y vacío del pueblo, la tristeza de las mujeres que fueron al sepulcro, el temor y la parálisis de los discípulos, la desesperanza de los que tenían cifradas sus esperanzas en el Mesías. Esa noticia derrotó el pesimismo, el luto, finalizó el llanto y la tristeza.

Nuestro pueblo se enfrenta a un sentimiento similar a aquellos que se sentían antes de la noticia de la resurrección; vivimos con desesperación, temor, tristeza ante una crisis económica que nos diezma, nos dispersa y nos sentencia a una crisis humanitaria. Hoy esas mismas palabras gozosas: “No está aquí, porque ha resucitado” también son proclamadas en nuestro querido Puerto Rico cuando celebramos la resurrección del Señor.

Esas palabras animan nuestras esperanzas en un Puerto Rico mejor. Esas palabras deben suscitar una verdadera pascua del Señor donde vivamos el éxodo de la desesperación a la esperanza, de la tristeza a la alegría, del temor a la valentía, de la opresión a la libertad de los hijos e hijas de Dios.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

P. Obispo Rubén Antonio González Medina, cmf

Obispo de la Diócesis de Ponce

Al celebrar la Santa Pascua les invito a reflexionar estas  hermosas palabras del Papa Francisco, tomadas de Evangelii Gaudium: “Cristo resucitado y glorioso es la Fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará  su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. 

Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. 

Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo” (275-276).

Tú también eres Testigo del Resucitado, anúncialo con fuerzas; pues en “Él, hay Vida, y Vida en abundancia”.

Mons. Daniel Fernández Torres

Obispo de Arecibo

¡Cristo ha resucitado, Aleluya! Que la alegría de la resurrección de Jesús se transforme en una realidad de amor y unidad en la familia puertorriqueña.

Como dijo el Papa Francisco: “Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor”. Aprendamos a ver en la esposa, el esposo y los hijos ese regalo que Dios nos ha hecho al ponerlos en nuestro camino. Así, podremos mirar más allá de las diferencias y defectos del otro, el amor tan grande que siente el Señor por nosotros y por cada una de las personas en nuestra familia. ¡Felicidades!

Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de la Diócesis de Caguas y Administrador Apostólico de la Diócesis de Fajardo-Humacao 

¡CRISTO ha resucitado y vive para siempre! Esa es nuestra fe, nuestra alegría y nuestra vida. Es la Buena Noticia que irradia nuestras existencias de esperanza y nos impulsa a pregonarla por todas partes. Es la fe en el Resucitado la que nos recrea, desde adentro, y nos invita a volver a la Comunidad, y dar testimonio de que podemos levantarnos de los miedos y esclavitudes, de las cegueras y egoísmos, y trabajar por este pueblo en comunión fraterna y solidaria. Es la fe que nos sostiene y nos lanza a forjar vida nueva, tanto, como personas y como pueblo. Sí, hermanos, Cristo ha resucitado y está en medio de nosotros, llamándonos a ser promotores de la vida. Renovemos nuestra fe, fortalezcamos nuestra esperanza y llenémonos del amor misericordioso de Dios, y salgamos a construir familias nuevas y comunidades vivas. Salgamos a dar vida a nuestra nación, erradicando los sepulcros de la dependencia y del miedo a ser pueblo, valorando nuestra identidad e idiosincrasia, y la cultura que nos define y nos marca la historia. Abracemos el futuro, llenos de fe, pero, con esfuerzo y sacrificio para ser pueblo cristiano, lleno de paz, alegría y justicia.

Sí, Cristo ha resucitado y nosotros somos sus discípulos y sus testigos, pero, en nuestra tierra y en nuestra historia. La muerte no tiene la victoria y todo sepulcro puede ser abierto con la presencia viva de Cristo. Podemos abrir los sepulcros que son muerte en nuestro pueblo. Todo lo que no nos deja ser, tanto persona como pueblo, es signo de muerte y hay que erradicarlo. Esta es la Hora de la Pascua: ¡Cristo ha pasado de la muerte a la Vida! Ahora, nos toca a nosotros. ¡Abracemos nuestra hora y vivamos! Sí, como personas y como pueblo. ¡Jesús, pasó  haciendo el bien y curando a los oprimidos! ¡Ahora, ha resucitado y vive para siempre! La resurrección no permite sepulcros. ¡Basta de los sepulcros que nos oprimen y nos llenan de muerte!

Mons. Álvaro Corrada del Río, S.J.

Obispo de Mayagüez

¡Cristo nuestra Pascua ha Resucitado!

Cada año la Iglesia Católica fija el tiempo de Cuaresma como  peregrinación de  40  días hasta llegar a la Pascua de Resurrección del Señor Jesucristo. ¡Él es nuestra meta! ¡Él es Camino, Verdad y Vida!

La Iglesia y toda persona de fe, especialmente los que se han preparado durante la Cuaresma para ser bautizados y entrar en el Cuerpo  de Cristo que es la Iglesia caminamos anualmente hacia la Pascua con los ojos y el corazón puestos en Jesucristo. ¡Él es nuestra Pascua!

Al caminar experimentamos y nos formamos como Cristo, vivo y resucitado. ¡Cristo vive en mí!

La alegría y la experiencia de la Pascua es Cristo. La persona y la comunidad son abrazadas por el Señor Jesús Resucitado y glorioso.

¡Somos hijos e hijas de Dios! En Cristo experimentamos el juicio misericordioso de Dios. Somos justificados ante Dios por la muerte y resurrección de Jesucristo.

¡Felices Pascua de Resurrección!

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