Mensajes de los Obispos de Puerto Rico para Navidad

Tiempo de amor, alegría, solidaridad y esperanza.

Los Obispos de las cinco Diócesis y el Administrador Diocesano  de la Diócesis de Caguas felicitan al pueblo en Puerto Rico a través de las páginas de El Visitante con motivo de la Navidad 2016.


Mons. Roberto O. González Nieves, OFM
Arzobispo Metropolitano de San Juan

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Navidad!
Hoy, al celebrar una nueva Navidad, vuelven a resonar las palabras del ángel a los humildes pastores: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.
Hoy no solo ha nacido un Niño, sino que ese Niño se nos ha dado como Salvador, libertador, como camino, verdad y vida; ese Niño es luz de Dios que viene a iluminar nuestro caminar. ¡Esta es la buena noticia que se renueva cada Navidad! Hoy, esta buena noticia debe llenar de alegría y alimentar la esperanza de nuestro querido pueblo.
Decía el Papa Francisco: “Donde nace Dios, nace la esperanza: él trae la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra” (Urbi et Orbe, 2015). Puerto Rico, hoy en este Niño nace tu esperanza. Desde él brota la luz que nos permitirá iluminar nuestro presente poco alentador y que estamos llamados a refundar. Los signos de este Niño son los signos que habrán de ser los pilares de nuestra reconstrucción: justicia, misericordia y humildad.
Que el Señor les bendiga.

Padre Obispo Rubén A. González Medina, CMF
Obispo de la Diócesis de Ponce

Estamos en Navidad, tiempo en que celebramos, que gracias al “Sí” de María, “sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció”.
Estamos en Navidad, época del año donde renace la alegría y la esperanza. Donde se renueva el sueño de Dios y se nos brinda una nueva oportunidad para repensar nuestra vida cristiana, y disponernos a colaborar en el proyecto de salvación revelado por Jesús, a quien reconocemos como el “Emmanuel; el Dios con nosotros”.
Estamos en Navidad, iniciando con nuestro Dios hecho hombre, un proyecto de evangelización, que nos lleve a compartir solidariamente con otros nuevas aventuras. Donde las dificultades se trasformen en desafíos, los problemas en soluciones. Las quejas en acciones reales de trasformación, los ritos trasnochados en retos, que nos hagan avanzar sin temor por nuevos caminos de justicia, libertad y paz.
Estamos en Navidad celebrando con nuestro pueblo la presencia de Dios hecho hombre, que camina con nosotros y no nos deja solos. Para que tampoco nosotros dejemos solos a los que nos rodean, especialmente a los más pobres y necesitados.
Estamos en Navidad tiempo para buscar, descubrir, y anunciar al Dios de la vida. Que estas fiestas que adoro tanto y son el encanto de Borinquen, sea para ti y tu familia una fuente de bendición. ¡Felicidades!

Mons. Daniel Fernández Torres
Obispo de la Diócesis de Arecibo

‘Amar’…es hacer el bien.
En esta temporada navideña te invito a redescubrir el verdadero significado del amor, aquel que Jesús quiso vivir y mostrarnos al nacer en una familia.
Dice el Papa Francisco en su Encíclica Amoris Laetitia que “el amor no es solo un sentimiento, sino que… ‘amar’… es ‘hacer el bien’”. En esa línea, el Santo Padre amplía con un llamado a la paciencia: “[…] El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o… esperamos que solo se cumpla la propia voluntad”.
Asimismo, recuerda que el amor “detesta hacer sufrir a los demás”.
Que en este Año de la Familia que hemos iniciado en la Diócesis de Arecibo la resolución de todas las familias puertorriqueñas sea un eco del consejo del Papa a los matrimonios: “Nunca terminen el día sin hacer la paz”.

Padre Antonio Cartagena Veguilla
Administrador Diocesano de la Diócesis de Caguas, Sede Vacante

Cada año, con alegría, celebramos la Natividad del Señor, animándonos con la esperanza de la salvación, al recibir con gozo a nuestro Redentor y Salvador del mundo. El Papa Francisco nos señala que la Navidad somos cada uno de nosotros, cuando decidimos nacer de nuevo cada día y dejamos entrar a Dios en nuestras almas. También nos advierte que la Navidad suele ser una fiesta ruidosa por lo que nos vendría bien un poco de silencio para oír la voz del Señor; para que humildes y conscientes recibamos en el silencio de esa “noche de paz” al Salvador del mundo.
Atemperando a este tiempo de Navidad el lema que nos acompañará durante todo este año pastoral, les exhorto a todos: ¡Ánimo! no tengas miedo… nos ha nacido el Salvador del mundo… ¡Contémplalo!

Mons. Álvaro Corrada del Río, SJ
Obispo de la Diócesis de Mayagüez

La Navidad es alegría, y es solidaridad.
Puerto Rico está enfrentándose a una etapa nueva y difícil de su historia y de su cultura.
La verticalidad de Dios que nos crea y nos ama y nos envía a su Hijo es un llamado a ser creativos y humanos en nuestro trato horizontal con nuestros hermanos y hermanas. El dinamismo de cada persona, el amor por toda persona abre caminos nuevos entre nosotros.
Sin Dios nos quedamos en lo horizontal. Con Dios, el dinamismo de verticalidad motiva y mueve a la persona a crear y compartir.
Compartimos a nivel horizontal lo que somos y tenemos. A nivel vertical, orando y hablando con Dios recibimos luz, energía y alegría en nuestro vivir.
Dios hecho hombre, en la Navidad nos muestra el camino a seguir.
Nos asustamos por nuestros desastres económicos y culturales, pero miedo no tenemos pues Dios es bueno y es bueno ser puertorriqueños.
Vivimos horizontalmente para ayudar, construir y desarrollar, nos movernos verticalmente a la luz que nos viene de lo alto e ilumina todo hombre.
¡Feliz Navidad y Próspero Año 2017 a todos en Puerto Rico!
¡Jesucristo reine en nuestros corazones!

Mons. Eusebio Ramos Morales
Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao

“La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel”, (Mt 1, 23).
Navidad es nacimiento de Jesús, Dios con nosotros, que abraza a la humanidad y se sumerge en la historia para recrearla y hacerla nueva. Dios Padre que se manifiesta prodigiosamente en la inocencia y fragilidad de un niño que nace a través de la Virgen María, que acoge la Palabra Divina en su corazón y en su vientre. Con Ella, José, padre adoptivo y esposo, y oyente de la Palabra que actúa con valentía y confianza en el Dios de la historia. María y José se convierten en instrumentos dinámicos y colaboradores vivos de la salvación que nos trae el Niño Dios. María y José, nos traen vida y nos anuncian salvación en el Niño Emmanuel.

Qué el Niño Dios renazca con su amor y su paz en cada corazón y en cada familia de los hombres y mujeres de nuestro pueblo puertorriqueño, y del mundo entero. Que su luz brille en medio de las tinieblas del miedo, la dispersión, la violencia y el odio que dañan la convivencia. Que su paz sane nuestras relaciones humanas para que emerja el respeto y la valoración digna de la vida de todo ser humano en nuestra tierra borincana. Que su presencia salvífica acogida, contemplada, vivida y anunciada, nos haga discípulos misioneros capaces de alimentar la fe y la esperanza de nuestra gente, de nuestros vecinos, y especialmente, en nuestros niños y jóvenes que reclaman vida y vida en abundancia. ¡Felicidades en la Navidad y el Año Nuevo para todos en esta linda tierra, desde, la Diócesis de El Yunque!

 

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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Claretianos en Puerto Rico clausuran su Año Jubilar

90 años de un carisma que enciende y una...

León XIV pasa una noche tranquila tras su operación pulmonar

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

Mons. Francisco Medina profundiza en las raíces bíblicas de la devoción a la Virgen María

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el sacerdote destacó cómo las Sagradas Escrituras presentan a María como la nueva Eva, la Reina Madre y la nueva Arca de la Alianza. La figura de la Santísima Virgen María y su presencia en la historia de la salvación fueron el eje central de la ponencia ofrecida por monseñor Francisco Medina durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo el tema «Tipología mariana en el Antiguo Testamento», Mons. Medina presentó un recorrido bíblico y teológico que permitió comprender cómo diversos personajes, acontecimientos y símbolos del Antiguo Testamento anticipan la misión de María en el misterio de Cristo. Al comenzar su exposición, explicó que la tipología bíblica es un método de interpretación de las Sagradas Escrituras que establece una relación entre personas, acontecimientos e instituciones del Antiguo Testamento y su cumplimiento definitivo en el Nuevo Testamento. En este sentido, recordó que toda la Escritura tiene como protagonista a Jesucristo y que la tipología permite descubrir la unidad de la historia de la salvación, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. María, la nueva Eva El primer aspecto desarrollado fue la relación entre Eva, madre de todos los vivientes, y la Virgen María, reconocida en la tradición cristiana como la nueva Eva. Mons. Medina explicó que, así como san Pablo presenta a Jesucristo como el nuevo Adán, los primeros cristianos encontraron en María una figura vinculada a la nueva creación inaugurada por Cristo. Para ilustrarlo, profundizó en el relato de las bodas de Caná, narrado en el Evangelio de san Juan, donde Jesús se dirige a su madre utilizando la expresión «mujer», la misma que vuelve a emplear desde la cruz. Según explicó, esta expresión establece una conexión con el relato del Génesis y permite comprender la maternidad espiritual de María, que se extiende a todos los discípulos de Cristo. Mientras Eva estuvo vinculada a la caída del primer Adán, María aparece asociada a la manifestación de la gloria de Jesús, cuando invita a los servidores a cumplir su voluntad. María como Reina Madre En un segundo momento, el sacerdote abordó la figura de la Reina Madre en la monarquía de Israel, conocida como Gebirá, quien ocupaba un lugar de honor junto al rey y ejercía una función de consejo e intercesión. A partir del relato bíblico de Betsabé y el rey Salomón, explicó cómo la madre del monarca era recibida con respeto y colocada a su derecha, sin que ello disminuyera la autoridad del rey. Esta imagen, señaló, ayuda a comprender la misión intercesora de María ante Jesucristo, heredero del trono de David. En particular, destacó nuevamente las bodas de Caná, donde la Virgen presenta a su Hijo una necesidad concreta: la falta de vino durante la celebración. La intervención de María no sustituye la autoridad de Jesús, sino que conduce a los demás hacia Él mediante una exhortación que resume su misión maternal: «Hagan lo que Él les diga». La nueva Arca de la Alianza La tercera parte de la ponencia estuvo dedicada a María como la nueva Arca de la Alianza, una de las imágenes bíblicas más significativas de la tradición mariana. Mons. Medina recordó que el Arca del Antiguo Testamento contenía las tablas de la Ley, el maná y la vara de Aarón, elementos que representaban la alianza de Dios con su pueblo, el alimento recibido en el desierto y la autoridad sacerdotal. En contraste, María llevó en su seno a Jesucristo, plenitud de la nueva alianza, verdadero pan de vida y sumo sacerdote. Para fundamentar esta interpretación, estableció paralelismos entre el traslado del Arca narrado en el segundo libro de Samuel y la visita de María a su prima Isabel, presentada en el Evangelio de san Lucas. Entre las semejanzas destacó la alegría ante la presencia divina, la permanencia de tres meses y las expresiones de asombro de David e Isabel ante la llegada de quien porta la presencia de Dios. Asimismo, hizo referencia al Catecismo de la Iglesia Católica y a la reflexión de los Padres de la Iglesia, particularmente san Ambrosio, para mostrar cómo esta interpretación forma parte de la tradición cristiana. Una devoción profundamente puertorriqueña Hacia el cierre de su intervención, Mons. Medina vinculó estas enseñanzas bíblicas con la profunda devoción mariana que caracteriza al pueblo puertorriqueño. Recordó el testimonio histórico de fray Íñigo Abbad y Lasierra sobre la práctica del Santo Rosario entre las familias de Puerto Rico, destacando que esta tradición religiosa ha acompañado la vida espiritual del país durante generaciones. También evocó la visita de san Juan Pablo II a Puerto Rico y su llamado a cultivar la oración del Rosario como expresión de fe y cercanía con la Santísima Virgen. En el contexto del mes de octubre, dedicado especialmente al Santo Rosario, el sacerdote invitó a profundizar en el conocimiento de María desde las Sagradas Escrituras y a fortalecer una devoción que conduzca siempre al encuentro con Jesucristo. La ponencia permitió reconocer que la devoción mariana no constituye únicamente una expresión cultural heredada, sino que encuentra sus fundamentos en la revelación bíblica y en la tradición viva de la Iglesia. De esta manera, el Simposio continúa ofreciendo un espacio de reflexión sobre la presencia de la Virgen María en la fe, la historia y la identidad religiosa del pueblo puertorriqueño.

Papa León XIV es operado con éxito en el Hospital Gemelli de Roma

Ciudad del Vaticano, 13 de octubre de 2026. — La Oficina de Prensa de la Santa Sede confirmó este martes que la intervención quirúrgica a la que fue sometido el papa León XIV en el Hospital Policlínico Gemelli de Roma concluyó exitosamente y conforme a lo previsto por el equipo médico. Mediante un breve comunicado, el Vaticano informó que la operación se desarrolló dentro de los plazos establecidos y que el Santo Padre ya regresó a su habitación, donde permanecerá bajo observación médica durante su recuperación.  La intervención tuvo como propósito extirpar un nódulo pulmonar que había sido detectado en una etapa temprana. El propio Pontífice anunció el pasado domingo, durante el rezo del Ángelus, que se sometería al procedimiento siguiendo las recomendaciones de sus médicos. La operación estuvo a cargo de un equipo médico dirigido por el cirujano torácico Stefano Margaritora, especialista en este tipo de intervenciones.  La Santa Sede adelantó que ofrecerá información adicional sobre la evolución del Santo Padre en las próximas horas. Hasta el momento, no se han comunicado mayores detalles sobre su condición posoperatoria ni sobre posibles ajustes a su agenda pastoral. La noticia llega en medio de las numerosas expresiones de cercanía y oración de fieles de distintas partes del mundo, quienes han acompañado espiritualmente al sucesor de Pedro durante este proceso. Desde Puerto Rico, la Iglesia continúa unida en oración por la pronta y completa recuperación del papa León XIV, pidiendo al Señor que lo fortalezca y le conceda salud para continuar su misión al servicio de la Iglesia universal.

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