Una naguabeña nacida en Santurce cuenta que San Martín le concedió la milagrosa curación de una enfermedad. Bautizada en la Catedral de San Juan Bautista, Mariny del Rosario Vázquez Maldonado fue consagrada por sus padres a la Virgen de la Providencia, patrona “de la entera Nación puertorriqueña”. Con espíritu alegre y llena de energía, Mariny se manifestó honrada de poder dialogar con El Visitante sobre su historia de vida, fe y labor social, el reto del cáncer. 

Aunque quizás cuando pequeña sus intereses no necesariamente estaban muy orientados a los estudios, cuenta que en la escuela intercedía por los derechos de los demás estudiantes, e incluso que tomó un rol de liderazgo en ambientes y actividades culturales más adelante en su juventud. 

Actualmente, es líder y facilitadora comunitaria en el pueblo de Naguabo. El servicio y el liderazgo son algunos de los adjetivos que describen muy bien a Mariny. “La visión de que hay que ser agente de cambio para transformar las cosas la dio el proceso en la iglesia. Pero también la dio el de inserción en la vida de los otros”. Es decir, más que preocuparse por los demás, Vázquez ha estado al servicio del necesitado desde siempre. “Ser agente de cambio” es lo que ama hacer todos los días de su vida, algo que se puede notar a simple vista. “Mariny siempre ha sido alguien que le es inevitable incidir en la vida de otros”, expresó quien en algún momento se dedicó a la industria del entretenimiento para niños como payasa. Por eso, realiza labores comunitarias para ayudar a todo aquel que tenga alguna necesidad. 

En su momento colaboró con la Pastoral Juvenil de Puerto Rico comenzando en su comunidad y culminando su servicio en el ámbito internacional cuando fue a Roma con una misión encomendada por Dios. Recordó el momento en que tuvo un encuentro con el Papa Juan Pablo II, hoy santo, cuando como delegada de la Isla recibió la “medalla del peregrino”. Dicho emblema fue entregado a sólo diez jóvenes del mundo en aquel instante, siendo Mariny la única puertorriqueña hasta el momento. Para ella ese momento fue como una graduación con honores, ya que decidió que hasta ahí llegaba su tiempo en la pastoral juvenil, y que la recibió como un llamado del Santo Padre a ser peregrina por el mundo. Culminando el relato, expresó entre lágrimas de emoción: “Siempre digo que Juan Pablo II tiene algo que decir”. 

Sin separar la fe de sus labores, trabaja como líder comunitaria con “Naguabo Somos Todos” y el “Comedor de Bien Centro Madre Teresa de Calcuta”, impactando las 14 comunidades del pueblo “de los emchumbaos” donde atienden a personas de todas las edades y con diversidad de necesidades desde hace 5 años. El Comedor de Bien se mantiene actualmente repartiendo comida a los residentes del municipio desde inicios de la pandemia de coronavirus, labor que se sostiene actualmente solo de donativos y con voluntariado. 

Por otra parte, la alegría es otra de las palabras que caracteriza a Mariny. La sonrisa en su rostro y el buen sentido del humor le acompaña, sin importar los problemas, y mucho menos las adversidades que ha tenido que enfrentar en los últimos años. En el 2017 su mamá falleció de cáncer, y ese mismo año, ella recibió la noticia de un posible diagnóstico de cáncer de seno. Aunque en aquel momento el tumor no presentó mayor peligro, en los pasados meses la historia continuó cuando fue diagnosticada oficialmente con la misma enfermedad. La alegre servidora confesó entre risas y anécdotas que en ocasiones olvida que tiene cáncer. “Tanto – eso – como la muerte de mi mamá, no me quitó nada”. Aunque la muerte y el cáncer puede ser para muchos una situación demasiado trágica, Mariny ha aprendido a vivir los días al máximo, con alegría y gozo porque ella “valoraba la vida y cada día antes del cáncer”. “Es tomarlo como tomo todo. Es parte del package. Esto tiene una razón y un motivo”. Y podemos llegar a la conclusión de que quizás el propósito de toda su vivencia es para dar testimonio de que se pueden pasar momentos duros, pero que estamos llamados a compartir el dolor y la alegría con los demás. Hoy día Mariny Vázquez puede decir que, gracias a Dios su cáncer duró muy poco (2 meses) y que su forma de ser alegre y el servicio le ayudó a vencerlo. 

Por último, expresó su agradecimiento por todo el bien recibido por Dios y por la gente que ha estado en todo momento. Todo su proceso de fe y apostolado lo ha compartido abiertamente con las personas, por lo que comentó: “Yo he sido súper bendecida, y por compartirlo es que he recibido tanta bendición. […] A todos los que se sienten solos o abandonados, que pueden decir ‘eso le pasa a ella y no a mí’ – dice – es tiempo de compartirlo para que llegue (la bendición)”. Para finalizar, añadió: “El bien lo tenemos por bien, pero sólo se logra en el encuentro, y la solución al dolor está en el encuentro con el otro”. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com 

Twitter: jrodriguezev 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here