Hoy comienza la Semana Santa con el Domingo de Ramos, fecha en la que se recuerda la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando fue aclamado por una multitud que portaba palmas y ramos de olivo.
¿Alguna vez te has preguntado sobre el sentido de estas palmas o ramos al ser bendecidas y por qué conviene que se usen y se conserven?
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia del Vaticano, señala que “a los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión” de Domingo de Ramos como recuerdo de una celebración tan hermosa e importante”. Estos “se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y de su victoria pascual”.
El Papa Benedicto XVI, en la homilía de Domingo de Ramos del 2006, lo explicaba diciendo: “Los ramos de olivo, signo de la paz mesiánica, y los ramos de palma, signo del martirio, don de la vida a Dios y a los hermanos, con los que ahora aclamaremos a Jesús como Mesías, testimonian nuestra adhesión firme al misterio pascual que celebramos”.
Resumiendo, podemos decir que el conservar los olivos y palmas son un signo una expresión de: – Que creemos en Jesús, que Él es nuestro Rey y que estamos dispuestos a permanecer junto a Él, pase lo que pase.
– Que anunciamos que Él ha vencido a la muerte en su Resurrección; que su Pascua es el centro de la historia y la fuente de nuestra esperanza.
– Que queremos ser “constructores de paz”, la paz de Cristo Rey, paz con Dios y con nuestros hermanos y hermanas.
– Que, al igual que Cristo, queremos hacer de nuestra vida un don para Dios y nuestros hermanos.
– Que estamos dispuestos a vivir como “mártires”, testigos del Amor y dispuestos a sacrificarnos por amor, como Él y en Él.
Oremos Oh Dios de toda vida: Al coloca este ramo en nuestro hogar símbolo de nuestra fe en Jesús, que se llamó a sí mismo “árbol verde”. Te pedimos que bendigas nuestra familia y nos ayudes, cuando tengamos que caminar por él por el difícil camino del sufrimiento y de la muerte hacia la victoria final. Te lo pedimos por medio del mismo Jesucristo nuestro Señor.



