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Su llamado a diseñar vestimentas para sacerdotes y ornamentos litúrgicos comenzó en enero del 2021 gracias a su mejor amigo, quien es presbítero de la Orden de la Merced. Este llegó a su taller con un par de telas y patrones para que esta le confeccionara una casulla, contó la diseñadora católica cayeyana, Melisa Maldonado a El Visitante. ¡Nunca en su vida había hecho una casulla! Este fue el inicio de su nuevo emprendimiento. Antes de aventurarse a la misión que Dios le encomendaba, Melisa trabajaba vestimentas para niñas y adolescentes. 

Hace cuatro años aproximadamente Melisa regresó a los brazos del Padre y desde entonces persevera en la fe en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción en Cayey. Hoy día ve al Señor a través de su trabajo y de las personas con las que comparte a diario. Con el tiempo, se casó, completó sus sacramentos y su vida cambió para siempre, no sin antes tener muchas pruebas y tropiezos en su caminar de fe y su empresa. 

Un domingo, su gran amigo sacerdote, Fray William Bruno Neves –de origen brasileño– le bendijo sus manos con una oración y las consagró a Dios. Con este acto, le encomendó a ella realizar una sotana. “Si tú haces esto, te voy a amar para siempre. Esta es la vida del sacerdote”, le dijo. Hacer esa sotana le ayudó a caminar en la fe y combinar su pasión con su empleo. Confesó que lloró de emoción al verlo revestido con la vestidura hecha por sus manos. 

Sin saber a qué exactamente Dios la estaba llamando, se lanzó. Su hija, quien tenía 12 años en aquel momento, fue quien le dijo: “mamá, tú no estás viendo que Dios te está llamando a esto”, es decir, a ofrecer su talento para Él. Tuvo miedo porque no sabía con certeza a lo que se estaba enfrentando. Pero confió y “le siguió”. Desde entonces, ha revestido a un buen número de sacerdotes a los cuales les ha hecho un sinnúmero de casullas, estolas, sotanas, albas, dalmáticas, capas pluviales, alguno que otro velo humeral, paños para altares, purificadores, palias, entre otros ornamentos y vestimentas sagradas. 

Vestimentas y ornamentos 

Según explicó Maldonado, por ejemplo, algunas de las utilizadas por los presbíteros en cada misa son: la sotana, el alba (que utilizan también los diáconos y monaguillos) y el cíngulo (que ambas cosas significan pureza o templanza), la estola (que se utiliza tanto en la Misa como para el sacramento de la reconciliación y significa poder o autoridad sacerdotal), y la casulla (simboliza caridad y es colocada encima de las demás prendas). Por otra parte, está la capa pluvial, que se utiliza solamente para bautizos; el velo humeral, que es exclusivamente utilizado para sostener al Santísimo, entre otros. 

Para los diáconos, Melisa ha confeccionado además las dalmáticas y la estola diagonal (que son los elementos que los identifican como diáconos). Para los servidores del altar o monaguillos, ha realizado algunas albas con cíngulos y para algunos religiosos vestimentas selectas, aunque asegura que no es su fuerte, le gustan los retos y hacer cosas nuevas. 

Uno de sus mayores desafíos han sido las casullas elaboradas, como la de que hizo con el motivo de Ntra. Sra. Madre de la Providencia, que al colocar las fotos en las redes sociales se convirtió en tendencia ante la ola de comentarios positivos y personas que compartían las fotos por todos lados. De hecho, además de vestimentas para los miembros del clero, también ha diseñado algunas para imágenes de la Virgen y el Niño Jesús. 

Colores litúrgicos

Sobre los colores litúrgicos, Melisa no abundó mucho. Sin embargo, comentó que cada detalle, símbolo o color escogido para algún elemento o vestimenta no carece de sentido, es importante y requiere atención.

Existen 7 colores litúrgicos: el blanco, el rojo, el morado, el dorado, el rosa, el azul y el verde. El blanco es utilizado en Navidad, en el tiempo Pascual, en la Solemnidad del Señor y en las memorias de los santos que no son mártires por la alegría, pureza e inocencia que simboliza. El rojo es signo de realeza, martirio, sangre y fuego del Espíritu, y es usado para Pentecostés, confirmaciones, misas dedicadas al Espíritu Santo, en Viernes Santo, Exaltación de la Santa Cruz o en las celebraciones de algún santo mártir. 

Por otra parte, el color morado es signo de dolor, penitencia y esperanza; este es utilizado en Adviento y Cuaresma o en misas de difuntos. El color dorado subraya la importancia de las fiestas especiales como la Misa de Navidad, la Vigilia Pascual, Cristo Rey, entre otras. El rosa –símbolo de alegría por lo bueno que se aproxima: la Resurrección y el nacimiento de Jesús– y el azul –dedicado a la Inmaculada Concepción de María– son los colores menos usados, pero quizás muy significativos. Por último, el color verde significa esperanza y vida, y se utiliza en las misas del Tiempo Ordinario. 

Por último, hizo hincapié en que ninguna de estas vestimentas y ornamentos pueden ser desechados, descartados o reciclados por ser considerados como sagrados y de uso exclusivo. Asimismo, animó a confiar en Dios y su llamado, a perseverar, confiar y no tener miedo, porque “cuando Dios toca a la puerta, hay que dejarse llevar por Él”, completó. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán  

j.rodriguez@elvisitantepr.com  

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