Por un lado, llega la sequía y después la inundación. El estatus de la situación ambiental no es muy prometedor. El pecado contra la tierra ha sido evidente y este viene con una deuda pendiente. Si unos pocos se beneficiaron, todos pagamos el precio. Por si acaso algún adivino lo aprovecha en su juego de temores lucrativos, no se trata de presagios o predicciones apocalípticas del futuro, es pura repetición anual. Como “cada uno cosecha lo que siembra” (Ga 6, 7), nuestra humanidad ha abusado de manera irresponsable de nuestro amado hogar que llamamos Planeta Tierra. La consecuencia ha sido: contaminación, calentamiento global y cambio climático.

Sobre este último punto y para tener una idea, del 1994 al 1997 en Puerto Rico se registraron períodos de sequía muy sonados en Puerto Rico. Ese tiempo también se vio interrumpido por grandes inundaciones con los huracanes Hortense (1996) y Georges (1998). En años recientes si el tema no ha sido recurrente, al menos ha sido intermitente. Para junio 2022 la mayor parte del archipiélago borincano se mantuvo en sequía moderada aún con algunas lluvias que han apaciguado el asunto. Incluso suena paradójico que tenemos bosques lluviosos y que a la vez seamos azotados por el polvo del Sahara…

¿Todavía tenemos tiempo? ¿Se puede revertir esto? Para amortiguar el golpe ambiental hay que se proactivos en las circunstancias personales y colectivas. Hay que reducir los desperdicios y hacer lo propio para reutilizar lo que se pueda. Es apremiante evitar que la basura llegue al mar y que los vertederos crezcan a ritmo exponencial. Urgen programas de reciclaje efectivos, no de letreros. Sembrar árboles y no cemento. Se requiere una transformación social, un nuevo estilo de vida y una mayor conciencia ambienta envías de la conservación y la solidaridad. Y hay que orar porque como diría Padre Zabala: Sobre la fe se edifica el bien personal, social y colectivo. Esos son los primeros pasos, ese es el camino al que llama el Papa Francisco.

Fue el Papa Francisco en su Encíclica Laudato si’ (2015) quien trató directamente el tema ambiental y quien insiste en que podamos reconocer que los recursos naturales son un don de Dios, que contrario a explotarlos, hay que administrarlos de manera responsable y prudente. Subraya: “Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común, como en los últimos dos siglos” (Núm. 53). El Papa Francisco llama con urgencia a proteger nuestra casa común cuya iniciativa pueda “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues, sabemos que las cosas pueden cambiar”, (Núm. 13).

Enrique I. López López

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