La cultura del ahorro va como la luna menguante y va camino a la caja de los olvidos. Poco a poco van ganando terreno la “magia” de las tarjetas de crédito y los préstamos que resuelven todo y hasta te montan en el avión para vacaciones. Pero, a la vuelta de la esquina te tienen una sorpresa envuelta en papel de regalo con letras pequeñitas. Luego del placer momentáneo, la cuesta de la deuda será como subir la Norzagaray al medio día y en ayunas…

He quedado estupefacto con la dinámica de los comunicadores en las redes sociales que promueven las inversiones vs. los que buscan el buen manejo de las finanzas en el hogar. Es una batalla campal con estilos y prácticas encontrados, casi como buenos y malos en película hollywoodense. Algunos expertos promueven la deuda, amparándose en devaluaciones, fluctuaciones de la moneda, del mercado de valores, inversión, explicaciones del poder adquisitivo, etc. Ahí también se cuela la promoción del préstamo y la tarjeta… Por otro lado, expertos promueven eliminar gradualmente las deudas como la única salida de las garras del monstruo de las deudas. Estos son hijos de los viejos de antes que tenían un refrán: El que guarda siempre tiene.

Como el que no sigue consejo no llega a viejo, muchos siguen cayendo en esas redes de los pescadores vestidos de banqueros que buscan hombres y mujeres, pero, no para salvarlos sino para atraparlos en esa espiral de deuda. Como también dicta el refranero que lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta, la educación hogareña será punto referencial indispensable para los que cruzan a la mayoría de edad. Hay que combatir ese querer ser millonario sí o sí y tenerlo todo ya que puede llevar por caminos torcidos o de tentación. Hasta Dios se tomó su tiempo para crear el mundo. Vivir de apariencias y rechazar al que vive en escasez son la fachada de un problema mayor. No es sano vivir al estilo: que la última la pague [otro], con un patrimonio de deudas.

Si queremos un futuro mejor, la mirada debe dirigirse a la escuela de valores con la práctica de la prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia. Esa mirada se dirige a lo transcendental, a la economía de la salvación, a la dignidad humana, a la dignidad del trabajo, a la fe, esperanza, caridad con el prójimo y que nuestra realidad personal sea un reflejo de lo que creemos.

Enrique I. López López 

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