La oración del Padre nuestro que nos enseñó Jesús está lleno de significado.

Comienza con una sencilla palabra de invocación “Padre”, con ella Jesús invita a sus discípulos a dejar atrás el miedo y a acercarse a Dios con confianza filial, llamándolo familiarmente “Padre”. Esa palabra, es la manera de acercarse a Dios que Jesús enseña a los discípulos.

“Nuestro”, somos hermanos, hay una verdadera fraternidad entre la multitud de los discípulos de Cristo. “Que está en el Cielo”, no se quiere indicar ningún lugar geográfico. El Cielo es la patria de Dios, donde viviremos inmersos en el océano infinito de su amor. Los cristianos vivimos con la esperanza cierta de alcanzar esa patria prometida. De esta convicción surgen las 7 peticiones. El siete es un número que, en la Biblia, significa plenitud.

Santificado sea tu nombre. Santificamos el nombre de Dios respetándolo y alabándolo, pero no solo con nuestros labios, que sería fácil, sino sobre todo con nuestra vida. Viviendo en coherencia con el Evangelio.

Venga tu Reino. El reino de la paz, la justicia, el amor, de la santidad y la gracia. Ese Reino se instaurará plenamente un día al final de los tiempos, pero mientras tanto, exige nuestro compromiso para promoverlo.

Hágase Tú voluntad, en la Tierra como en el Cielo. Esto es lo importante, vivir no haciendo mi propia voluntad, sino lo que Dios quiera de mí.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Pedimos a Dios lo suficiente para vivir con dignidad hoy, nada más. También el pan de la Palabra de Dios.

Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Dios siempre nos abraza con misericordia y nos ofrece su perdón, y así quiere que actuemos con los que nos rodean.

No nos dejes caer en la tentación. Pedimos que Dios no nos deje solos, que envíe su Santo Espíritu para fortalecernos y superar la tentación del pecado.

Líbranos del mal. Hay mucho mal en el mundo que obra Satanás, y pedimos a Dios que nos libre de él, de su influencia, de sus engaños, de sus obras.

El Padrenuestro es la oración que Jesús nos dejó como ejemplo a seguir cuando hablamos con Dios. Repetirlo palabra por palabra está bien, aunque también podemos usar nuestras propias palabras siguiendo el ejemplo que Jesús nos dejó cuando se dirigía al Padre en oración.

Que nuestro anhelo diario sea hablar con Dios y escucharlo a través de su Palabra, de consejo de otros y de las circunstancias, para finalmente vivir de acuerdo a Su voluntad.

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