Las Bienaventuranzas

A propósito de las Bienaventuranzas te propongo algunos puntos, no son originales los he descubierto y los comparto contigo…

Jesús anuncia hoy su gran mensaje: “El Reino de Dios les pertenece”. También nos anuncia que el programa del Reino de Dios, responde a la sed profunda que tiene cada ser humano de ser felices. Ese deseo de felicidad certifica que es un hecho, pero no una realidad que debemos conseguir a través de unos logros o exigencias, sino que es una realidad que ha llegado para los pobres, los que padecen hambre, los que lloran, una realidad para los que no pueden…

Paradójicamente Jesús declara hoy, “dichosos”, aquellos que sienten que sus vidas han sido aplastadas y para los cuales el vivir se convierte en una carga, bien por su pobreza, o por su desamparo social. Estas personas, la más necesitada y postergada son declarada feliz por parte de Dios. ¿Por qué? No por ser pobres, pensar eso sería una burla para con los pobres y para con Jesús, sino porque a ellos y a ellas les pertenece el Reino de Dios, porque Dios –su Rey- un día hará justicia para con ellos. Por eso, ya son declarados ‘felices’. Mientras tanto: ¿qué debemos hacer nosotros, que no tenemos ni tanta pobreza, ni tanta hambre, ni lloramos tanto?

Recuerda que las Bienaventuranzas no son norma ética, son ‘buena noticia’ de Dios. Por eso a nosotros nos toca colaborar con él para que ellos puedan convertirse también en ‘buena noticia’. Nos toca trabajar no para decirle a los pobres, a los hambrientos y a los que sufren que tengan paciencia, eso sería adulterar el Evangelio, trabajar en contra del Reino. A nosotros nos toca trabajar junto a ellos y con ellos para cambiar la realidad de injusticia en la que están inmersos.

El Evangelio hoy nos invita entre otras cosas a “fiarte” de las personas que en su miseria, dejan entrever la grandeza inconfundible del amor de Dios. A “fiarte” de las personas que no pretenden ser contrafigura de Dios, que no pretenden sustituirlo. Y sobre todo, a tener mucho cuidado con las personas que presumen de ser fuertes, todopoderosas, que brillan con luz propia, que seducen con sus riquezas, porque bloquean el camino hacia Dios.

Si pones en práctica las bienaventuranzas que hoy nos propone Jesús podrás: fiarte del pobre, del insatisfecho, del que llora contigo y como tú, del perseguido, de quien no cuenta, del despreciado, porque esas personas son reflejo de la luz divina, y te ayudarán a descubrir a Dios, el único necesario. Sí, fíate de la personan que tiene una vida profunda, que meten las raíces en el agua y contemplarás el rostro de Dios.

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