“No vayas detrás de tus pasiones”, (Si 18, 30).

Hay un banquete en la fiesta familiar. Uno de los comensales comió una, dos y hasta tres veces. Comió de tal forma que tiene dificultad para respirar; no puede si quiera levantarse de la mesa. Otro de los invitados no se separó de la barra y su ritmo con los tragos lo dejó sin conciencia. Solo son dos ejemplos de la gula que tiene varios sinónimos prácticos: el exceso, la pérdida de control o desenfreno al consumir.

Incluso su raíz del latín glutiere significa devorar.

Padre Jorge Cardona Amaro, párroco de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza en Maunabo, explicó que la gula se entiende como un desorden en la persona desde el punto de vista espiritual en la línea de la apetencia sensible, esto incluye la comida, la bebida, el tabaco y las drogas.

“Todo lo que genera desorden en la apetencia sensible genera placer. El que bebe o come en exceso busca el placer. Ahí entra el abuso y el desorden”, sostuvo el también profesor de filosofía por 15 años. El consumismo desmedido que impera es evidencia de los estragos del pecado capital.

Aunque algunos placeres parecieran muy inofensivos, estas apetencias perturbadoras tienen consecuencias pecaminosas exponenciales. Según P. Cardona, esto pudiera desembocar en el mal uso de los bienes personales, la desvaloración del ser, egoísmo, falta de solidaridad con el prójimo y desordenes de salud (física y mental). Las más evidentes son las adicciones, en este caso: la obesidad, el alcoholismo, el cigarrillo y la drogadicción.

Comida adictiva…

gulaSobre la comida chatarra y los establecimientos de comida rápida argumentó: “no se vive para comer, sino se come para vivir. Lo que se produce en estas comidas y establecimientos de comida rápida generan adicción”. Esto en alusión a los refrescos y bebidas carbonatadas con cafeína y cantidades exorbitantes de azúcar.

A esto se suma que dichos alimentos van en detrimento de la salud y que apenas se bebe agua. El sobrepeso y la obesidad que arropan la Isla son producto en gran medida por estos establecimientos de comida rápida. Claro que hay casos médicos de índole hormonal que son excepción.

Alcoholismo no conoce temporada

“Es problema mío”, “tengo el control”, “bebo socialmente” o “solo los viernes sociales” son algunas de las frases para minimizar el consumo de la bebida, que cuenta con una industria y mercadeo muy agresivo. Tanto es así que según P. Cardona, “nos hemos acostumbrado a vivir con esto”. Las consecuencias son dramáticas para el individuo, la familia y el matrimonio. Comprenden desde el maltrato, pérdida de empleo, relaciones interpersonales fallidas, criminalidad, accidentes de tráfico, entre muchas otras.

Por ejemplo, en Maunabo hay una crisis económica terrible y sin embargo se han desarrollado tres o cuatro negocios de bebidas nuevos. ¿Cómo se puede concebir que en una sociedad en crisis tengamos más negocios de bebidas y todos llenos hasta altas horas?”, cuestionó el sacerdote.

No menos importante son las adicciones al cigarrillo, drogas y sustancias controladas que también son desórdenes de apetencias sensibles. Además, en casos de adiciones es importante buscar inmediatamente asistencia profesional médica y psicológica.

Templanza, virtud para dominarse

Para batallar contra la gula sostiene que hay tres elementos claves: la templanza, el ayuno y la disciplina. La virtud moral que se contrapone con la gula es la templanza. “Es la virtud que ayuda a la persona a controlar las apetencias sensibles. Una persona con temple, es una persona que tiene control en sí mismo en las cuestiones sensibles. Se cultiva y se desarrolla a través de hábitos”, subrayó.

“La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de exceso, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas”, (Catecismo, 2290). En el Nuevo Testamento la templanza también es nombrada como sobriedad o moderación.

Particularmente en el tiempo de Cuaresma, dijo que una de las prácticas para alcanzar el temple anhelado es el ayuno, que implica renunciar a un bien sensible en la búsqueda de un bien mayor: Dios. Mediante el ayuno se pretende controlar o más bien dominar esas apetencias sensibles mediante una elección personal. No se trata de dejar de comer sino de hacer una comida y dos comidas que no hagan una. Es moderarse en el consumo y no ir a la nevera a cada rato. Los que hacen dietas por condiciones de salud y meriendas por dieta, eso es otra cosa”, detalló.

Una manera eficaz de lidiar con los apetitos sensoriales es la disciplina. Según P. Cardona, sobre la comida hay que detenerse, reflexionar y hacer los cinco cuestionamientos. Elegir: “Qué se va a comer”, que sea saludable y no adictivo; “Cuándo se debe comer” para establecer horarios fijos; “Dónde se va a comer”, preferiblemente en casa y si es afuera evitar los bufet y comidas rápidas; “Cómo se va a comer” para establecer porciones moderadas; y recordar “Por qué se va a comer”, que es para vivir y tener buena salud.

El Catecismo de la Iglesia Católica (1865) alerta sobre el aspecto vicioso del pecado a consecuencia de la repetición. “De ahí resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración concreta del bien y del mal”. Además de ser un acto personal, se puede tener responsabilidad en otros actos si se copera, aconseja, alaba, aprueba, se oculta o se protege al que comete un pecado.

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