La Santidad que Transforma: Ecos del Cura de Ars en Puerto Rico

Hace poco, camino a mi pueblo, Lajas —con su calor de siempre y su ritmo pausado— hablaba con un hermano sacerdote. Comentábamos que vivimos tiempos de estadísticas, metas pastorales y calendarios saturados. En medio de ese trajín medido al milímetro, pensé en un cura que no tenía PowerPointsni estrategias, solo una sotana gastada y una fe ferria. Un sacerdote que transformó el mundo desde un lugar que nadie sabía ubicar en el mapa: Ars. Les hablo de San Juan María Vianney o el santo cura de Ars.

¿Quién fue el Cura de Ars? Dicen sus biografías que no un predicador brillante, un administrador parroquial enérgico, ni un líder de multitudes. Fue, ante todo, un pastor de almas. Un hombre frágil, con dificultades académicas y algo lento en los estudios del seminario, que por poco no llega a ser sacerdote. Pero llegó. Y su “sí” sencillo y persistente se convirtió en un fuego que aún hoy aviva corazones.

En la actualidad, muchos sacerdotes —en Puerto Rico y en todo el mundo— sentimos el peso de una vocación exigente en medio de un entorno que lo quiere todo “para ayer”. Debemos estar presentes en redes, en reuniones, en cada emergencia pastoral, con respuestas claras —a veces sin tenerlas—, con ánimo constante y una sonrisa de oreja a oreja. Y, sin embargo, en lo más íntimo, surge la pregunta: ¿dónde quedó el centro? ¿Dónde se esconde, en medio de todo, la voz de Aquel que me llamó?

El filósofo Byung-Chul Han ha descrito nuestra época como una “sociedad del cansancio”: una civilización donde la autoexigencia, el rendimiento perpetuo y la positividad obligatoria nos desgastan desde dentro (Han, 2012). Todo debe ser visible, productivo, verificable. Incluso la vida espiritual corre el riesgo de convertirse en un punto más en la lista del día. La oración se ve como un lujo, la contemplación como una pérdida de tiempo. Los sacerdotes vivimos corriendo, resolviendo, gestionando, pero a veces nos perdemos a nosotros mismos.

Y ahí entra San Juan María Vianney, no como un fantasma de otro tiempo, sino como un hermano mayor que recorrió este mismo camino de tensiones. Llegó a Ars, una aldea olvidada, sufrió la indiferencia de su comunidad, enfrentó la tentación de abandonar y vivió una soledad que no se curaba con actividades. Pero se quedó. Y en ese quedarse, en ese rendirse ante Dios cada día, en esa vida escondida, transformó su entorno. No porque cambiara el mundo, sino porque se dejó cambiar por Cristo.

Su vida de oración fue el centro de su ministerio. Pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento y dedicaba hasta dieciséis horas diarias al confesionario, escuchando y perdonando a su pueblo. Sin hacer milagros espectaculares, convirtió Ars en un importante centro espiritual gracias a su santidad.

Es aquí donde su figura se vuelve urgente. En una Iglesia tentada a medir el éxito pastoral con estadísticas y resultados, Vianney recuerda que la conversión del alma es el fruto más precioso. Que el sacerdote no es un funcionario —nos recordaba el papa Francisco—, sino un puente entre Dios y su pueblo. Que la soledad, vivida con fe, no aísla, sino que fecunda. Que el tiempo ante el altar no es una pérdida, sino una inversión en lo eterno.

Su pobreza evangélica y humildad auténtica reflejaban una libertad profunda, permitiéndole entregarse plenamente a los demás. Su celo por las almas era tan intenso que lloraba por los que no se confesaban y suspiraba por quienes aún no conocían a Dios.

“El sacerdote no es sacerdote para sí”, decía y lo vivía en una entrega constante basada en el amor, no en el reconocimiento. El clero puertorriqueño necesita —necesitamos— redescubrir esa entrega interior, porque lo que renueva la Iglesia no son las estructuras, sino los santos; un sacerdote que ora, ama y persevera es una verdadera revolución en marcha.

Mas leídos

Les presento a mi sucesor

Me conmueve profundamente este momento porque les estoy presentando...

Con guitarra y voz, Adriana Sofía convoca a la oración en Mayagüez

La cantautora católica y ganadora de Enviados Puerto Rico, Adriana...

Un llamado a caminar juntos con fe y esperanza 

Catedral y Basílica Menor de San Juan Bautista 6...

Gracias por haberme permitido ser su obispo 

Queridos hermanos y hermanas de la amada Iglesia que...

Mons. Eusebio Ramos: «Ponce recibe a un pastor probado en el servicio al Pueblo de Dios»

Mons. Eusebio Ramos Morales, Arzobispo electo de San Juan...

Topics

Les presento a mi sucesor

Me conmueve profundamente este momento porque les estoy presentando...

Con guitarra y voz, Adriana Sofía convoca a la oración en Mayagüez

La cantautora católica y ganadora de Enviados Puerto Rico, Adriana...

Un llamado a caminar juntos con fe y esperanza 

Catedral y Basílica Menor de San Juan Bautista 6...

Gracias por haberme permitido ser su obispo 

Queridos hermanos y hermanas de la amada Iglesia que...

Mensaje del Delegado Apóstolico en la ordenación Episcopal de Monseñor Geraldo Ramírez Torres

Queridos hermanos y hermanas, queridos amigos, querido Monseñor Geraldo Ramírez Torres: Hoy...

La salvación es para todos (hasta para los no católicos)

Siguiendo la temática de semanas anteriores, el Profeta Isaías...

Edicción 33 (2026) Un nuevo tiempo para caminar juntos

La edición 33 de El Visitante de Puerto Rico...

Artículos Recientes

Categorías Populares