La Santa Misa es una fiesta que nos entrelaza y une en una misma fe (Ro 10, 17-18). “La fe viene del oír y el oír por la palabra de Dios. Por toda la tierra ha salido su voz y hasta los confines del mundo sus palabras”. Esta palabra maravillosa de Dios se introduce en nuestra mente, espíritu y alma y nos motiva a vivir según la manera de Cristo. Cada fiesta eucarística es una invitación a la fe y un celebrar en fraternidad el banquete del Señor. Jesús se nos da como alimento, en la palabra y en la Sagrada Comunión y todo el pueblo celebra el encuentro de hermandad. Desde el comienzo de la misa, es una invitación al amor y la unidad. El Sacerdote comienza: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Acción de amor personificada. Tres divinas personas en un solo Dios verdadero. Y el pueblo de Dios que somos tú y yo, contestamos y afirmamos, amén. Dios trino se hace presente y nos convertimos en la familia eclesial.
Cada parte de la misa nos lleva a reflexionar. Jesús entregó su vida para salvarnos. Este encuentro fraternal es un conmemorar el sacrificio de Cristo. Cada misa es acción de gracias a Dios, demostrado en un gesto de humildad y solidaridad. Un misterio sagrado que atesoramos. La presencia de Dios se pasea entre nosotros, Dios hijo nos habla al corazón por medio del Evangelio y se nos da como alimento. El Espíritu Santo se hace sentir. El Sacerdote, presenta a Dios en el altar el pan y el vino, ofrenda de amor y en el momento de la consagración, se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Cena que restaura nuestro espíritu y eleva el alma a Dios. Se fortalece nuestro ser interior y recobramos las fuerzas necesarias para combatir toda debilidad y así vivir haciendo el bien, procurando la paz. Cristo se hace tan pequeño, se convierte en un manjar exquisito que, al recibirlo en nuestra boca, se hace trigo molido, alimento que nos vivifica y nos conduce a la santidad. Compartimos el pan de vida, la fe, los cánticos, la oración y adoración a Dios. “Los coros celestiales son el eco que une el cielo y la tierra”. Es la fiesta de la unidad, humanidad y divinidad.
“Un solo cuerpo y un solo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos y actúa en todos”, (Ef 4, 5-6).



