Jesús, como marineros-peregrinos somos navegantes deseosos de llegar al puerto de los mares de tu misericordia. Te rogamos que seas el capitán que dirija nuestro velero por mares de aguas serenas, de diálogo, de encuentro, de amor, de paz y consuelo. Percibo que, como habitantes de esta Tierra, necesitamos orar más, leer y meditar las Sagradas Escrituras, confiar en tus promesas y permanecer junto a ti en un abrazo filial, amparados en tu amor eterno. Jesús, dirige nuestro velero, pues sin ti navegamos a la deriva, perdidos en los mares de este mundo que gira aceleradamente, convulso y lleno de miedo, debido a tantas guerras suicidas, violencia, conflictos y la falta de amor al prójimo. En este mundo donde imperan, entre otros problemas, la corrupción, el crimen, el vandalismo, el acecho, la apropiación ilegal y la violencia de género, Jesús, dirige tú nuestro velero. Sin ti, no podremos resolver las controversias y agobios que inciden en nuestro entorno, causados por deseos de poder, avaricia, perversión y falta de empatía y comprensión hacia nuestros congéneres. Jesús, dirige nuestro velero para así poder llegar a un puerto seguro, donde el mar esté sereno y donde abunden la paz, el amor fraterno, la armonía y el bienestar de la humanidad, bajo tu palio protector. Dirige nuestro velero hacia un lugar donde estemos protegidos de todo aquello que intente hacernos daño en nuestro suelo.
Necesitamos, en acción y oración, dejar todo en tus manos, confiados en tu amor. Pero, sobre todo, como fieles marineros seguros y convencidos, queremos navegar junto a ti por mares de bonanza y aguas serenas. Unidos a ti, como el sarmiento a la vid, nos mantendremos serenos, fortalecidos por el amor que nos brindas, porque eres un Padre bueno. Por fe, sabemos que tienes un plan diseñado para cada uno de nosotros; que tus planes son mejores que los nuestros; que siempre llegas a tiempo, porque tu tiempo es perfecto. Jesús, tú que eres el mar de todos nuestros puertos, conduce nuestro velero a puerto seguro, mar adentro. No abandones a tu pueblo marinero; acompáñanos en nuestra travesía, pues sabemos que a tu lado estaremos a salvo, protegidos por años sin tiempo. Esperamos junto a ti recibir la bendición de cada nuevo amanecer, cual caricia del sol en primavera, navegando en nuestro velero. Jesús, capitán del velero con el que, como marineros, surcamos la vida, asidos de tu mano naveguemos siempre unidos, ligeros de equipaje, hasta llegar contigo al puerto de la patria celestial que nos tienes prometida.



