En este Domingo de la Sagrada Familia, la palabra de Dios nos presenta a Jesús, María y José como una familia peregrina, marcada por la prueba, el desplazamiento y la confianza radical en Dios. El evangelio de san Mateo nos habla de la huida a Egipto: una familia obligada a levantarse de noche, a dejar su tierra y a proteger la vida del niño amenazado. No es una escena idealizada; es una familia real, herida y sostenida por la fe.
En este contexto tan humano y cercano, clausuramos el Año Jubilar de la Esperanza. Un año en el que hemos aprendido que la esperanza cristiana no consiste en la ausencia de dificultades, sino en la certeza de que Dios camina con su pueblo, incluso cuando el camino pasa por el exilio, la incertidumbre o el miedo.
La Sagrada Familia nos enseña tres actitudes jubilares fundamentales: Primero, la escucha obediente. José escucha la voz de Dios en medio de la noche y actúa sin demora. La esperanza nace de un corazón que sabe escuchar y confiar, aun cuando no tiene todas las respuestas.
Segundo, la valentía de cuidar la vida. María y José ponen todo de su parte para proteger al niño. Hoy, al cerrar el Jubileo, renovamos nuestro compromiso de cuidar la vida, la familia, los más frágiles y los que viven situaciones de desplazamiento, pobreza o inseguridad.
Tercero, la confianza en que Dios guía la historia. “De Egipto llamé a mi hijo”. Dios transforma el dolor en camino de salvación. Así también, durante este Año Jubilar, hemos aprendido a releer nuestra historia personal y comunitaria con gratitud, descubriendo signos de esperanza incluso en medio de la fragilidad.
Al clausurar este tiempo de gracia, miramos a nuestras familias como primeras escuelas de fe, oración y esperanza. Allí donde una familia ora unida, escucha la Palabra y se abre al servicio, el Jubileo continúa dando frutos.
Que la Sagrada Familia de Nazaret acompañe a nuestras familias, a nuestra Iglesia y a nuestro pueblo. Que lo vivido en este Año Jubilar no se cierre como un recuerdo, sino que se convierta en un estilo de vida: caminar con Dios, cuidar la vida y vivir con esperanza.
¡Cristo es nuestra esperanza, y la esperanza no defrauda!


