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Retratar la idiosincrasia de un pueblo es siempre tarea delicada. Y lo es porque el ser humano es espontáneo e impredecible. Sin embargo, existen rasgos y características que lo distinguen. Ya se ha señalado que la cultura no se hereda, se aprende. Tanto así que, dentro de un mismo país, los grupos que viven al interior son distintos a los de la costa, los de la montaña a los de los valles. La peculiaridad puede consistir en el modo de vestir, andar, hablar, comer, y en general, en su intercambio humano. Puede que la gente de un cierto pueblo se conozca por su práctica religiosa, otros, por su raza negra, obscura o blanca. Usualmente existen chistes y comentarios jocosos alusivos al lugar geográfico de donde se proviene.  

Un ejemplo dramático de este detalle se nota en el hablar. Los del hemisferio frío, usualmente hablan con voz moderada y tenue. Los nacidos en áreas calurosas, en contraste, lo hacen con volumen alto y exaltado. Esto se debe a que, por el frío, viven en casas con ventanas y puertas cerradas. Se pueden escuchar unos a otros sin dificultad. Los nacidos en lugares calurosos viven, al contrario, en espacios abiertos. Están compitiendo inconscientemente con todos los ruidos del entorno. Así existen otros y variados ejemplos.

Si con esto en mente miramos al comportamiento de la familia hispana, se notan varios detalles interesantes. La familia hispana, en general es matriarcal. La madre es la que lleva el timón de todo. Usualmente el papá es el que provee. La mamá administra, distribuye y mantiene el orden.  Al varoncito se le da rienda suelta. A la nena, se le mantiene bajo una disciplina más rígida. El nene se inclina más hacia su mamá y la nena hacia su papá. La nena de papi como dicen, “es la princesa”.  

Existen miedos, ansiedades, expectativas, de cómo criar la familia. Temores muy propios de la cultura. Se señaló que al nene se le da ‘rienda suelta’. Esto, porque desde la mentalidad machista hay que alejarlo de la falda de mami, si no, le sale amanerado. “Que aprenda a ser machito”, es lo que piensan y dicen. La nena gravita más hacia papi. Fascinante descubrir que toda esta modalidad, es consecuencia de un machismo profundamente arraigado en la cultura. Agrava toda la situación, la ignorancia que existe sobre la sexualidad y su desarrollo.

La ironía más dolorosa es que esa nena de papi, tan sobreprotegida y restringida, en muchos casos, se rebela llegada su adolescencia. El nene del vecino, a rienda suelta, se aprovecha de la rebeldía de la nena de papi, le hace un cuento y la seduce. A modo vulgar, decimos, “se juntan el hambre con las ganas de comer” y el resultado es trágico. ¿Culpa de quién? ¿Y ahora qué? Las reacciones son múltiples. Se manifiestan corajes, frustraciones, discusiones acaloradas. Es triste admitir que, en esas circunstancias, el asunto no parece ser ayudar a la nena en su situación precaria, si no exonerarse de toda culpa como papá y como mamá.  

Otro elemento por considerarse es que hoy en día, con la incidencia de tantos divorcios, esa nena no tuvo el beneficio de una figura paterna que le brindara la seguridad y sentido de pertenencia. Según la experiencia, esos elementos son muy necesarios en el desarrollo de la personalidad.  Carente de afecto paternal, la niña pues, satisface su necesidad haciéndose vulnerable al joven que la lisonjea. No se olvide que este joven también, como varoncito en su pubertad, está buscando satisfacer lo difícil de su empuje sexual. No existe madurez, o sea, un sentido claro de cuáles son las consecuencias de una relación sexual con ‘la nena de papi’. Tanto la posible realidad ingenua de la niña como la urgencia sexual del varoncito son elementos que contribuyen a la debacle que se vive hoy en día. ¡Prácticamente, ‘niños teniendo niños!’

Mirando de cerca a la experiencia de la familia hispana, en general, no existe tal cosa como la educación sexual. Ese tema, aunque difícil sea admitirlo, se considera tabú. Lo que los jóvenes aprenden sobre su desarrollo sexual, lo aprenden en la calle y obviamente, lo aprenden mal. Un papá y una mamá que no fueron instruidos sobre su sexualidad, no son capaces de instruir a sus propios hijos. ¡Y así se desarrolla toda la historia de la familia en nuestro pueblo!

¡Pero no tiene que ser así! La nena de papi y el joven del vecino serán educados adecuadamente.  Se les ofrecerá toda una orientación sobre su desarrollo humano y en su disciplina de la fe católica. La nena de papi lucirá entonces más bella para su fiesta de quinceañera. ¿Y el nene del vecino?  ¡Pues… eso depende!

Padre Domingo Rodríguez Zambrana, S.T.

Para El Visitante