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La misión ha cambiado la vida de muchos y lo seguirá haciendo si la llevamos verdaderamente a la acción. Somos Iglesia misionera por naturaleza. Es decir, somos ciertamente agentes de misión, de salida al encuentro del prójimo, del próximo. ¿Qué tal si hacemos que la misión no tome vacaciones? 

Como preparación a lo que será el evento magno del Sexto Congreso Americano Misionero (CAM6) que se celebrará en Puerto Rico en noviembre de 2024, se han realizado un sinnúmero de actividades previas con el fin de buscar nuevos mecanismos para suscitar un ardor misionero con nuevas formas de llevar el Evangelio a todo el continente americano y el Caribe, así como al mundo entero. ¿Qué tiene que decir el pueblo de Dios sobre este acontecimiento y lo que se está viviendo en Puerto Rico, sobre la sinodalidad y misionalidad, entre otros asuntos relacionados a la misión? 

Para hacer contexto de cuál es la finalidad del CAM, es importante mencionar que es “tener un espacio, un encuentro para reflexionar sobre el quehacer de la Iglesia en clave misionera”, expresó Ángel David Montes, secretario ejecutivo del CAM6, a este semanario en el 2019. Los últimos CAM dieron lugar en Venezuela (CAM4) en el 2013, en Bolivia (CAM5) en el 2018 y el próximo (CAM6) será en la Isla del Encanto a finales del próximo año. 

Lumir Figueroa Torres, madre, esposa y misionera que persevera en la fe en la Diócesis de Fajardo-Humacao y es miembro de la Comisión de Metodología para el CAM6, explicó a El Visitante que, en el anterior CAM5 que se realizó en Bolivia se presentaron aspectos “que van por la línea pastoral más que por la misionariedad” de la Iglesia. En el caso del actual CAM6, “busca tomar todos esos resultados” de los CAM anteriores “para aplicarlos y dirigirnos más a la acción de la Iglesia”, amplió. 

Como mujer comprometida con la misión, la familia y la Iglesia en general, “creo que el suscitar el ardor misionero –dijo– se concentra en hacer comunidad, donde vas recobrando y recordando cuál es tu identidad como criatura de Dios, llamada a anunciar el amor de tu creador”. “Ha sido una riqueza […] poder vivir y tener una esencia misionera en lo cotidiano de nuestra vida familiar; poder mostrarles a nuestros hijos que hay una iglesia viva, que hay un Jesucristo que se hace vida y es el día a día de cada uno de nosotros”, manifestó. 

¿Sumarse al plan de Cristo? 

“La misión es el corazón de la Iglesia”, afirmó Verónica M. Cabrera Rojas, joven delegada de la Arquidiócesis de San Juan para el Simposio Nacional Misionológico del Sexto Congreso Americano Misionero (CAM6) Puerto Rico 2024 que se llevó a cabo en Aibonito, Puerto Rico durante el pasado mes de diciembre. 

Al preguntársele sobre qué ha significado la misión en su vida respondió que como “la iglesia no tiene una misión, sino que la misión tiene una iglesia”, lo que le fascina y hace arder su corazón por la misión es que, si soñamos juntos como iglesia de Dios, todos tendríamos una misión en común. “La misión no nos lleva a trabajar por nosotros, sino en comunidad, unir esfuerzos y vivir en fraternidad, en sinodalidad”, comentó. 

“La misión no coge vacaciones”. Según contó a este semanario, Cabrera Rojas ha tenido experiencias de misión tanto en República Dominicana como en Brasil, Panamá, Polonia, España, y por supuesto, en Puerto Rico, donde actualmente reside y lleva a cabo su misión como comunicadora con Kerygma Universal Films, un proyecto digital que inició en el 2013 y se mantiene en la actualidad evangelizando en las redes sociales. 

“Hay que recordar que somos el rostro de la Iglesia dondequiera que estemos. Dios nos pone a ser luz y sal del mundo”, añadió. En este simposio le sorprendió que en Puerto Rico sí hay corazones dispuestos a amar y dar soluciones “a lo que estamos viviendo” en la Iglesia. 

“No solamente de señalar quien hace o no hace, sino cómo podemos hacer. Ese es el espíritu sinodal, reconociendo que cuando trabajamos por la Iglesia, trabajamos por el sueño de Cristo. Estamos sumándonos al plan de Cristo”. 

Finalmente, retomando el tema del ardor misionero, Verónica añadió: “Lo mejor –para suscitar un ardor misionero en el prójimo– es contemplar el Sagrado Corazón de Jesús, que arde de amor. También amando mucho, como ama Dios, no desde mi perspectiva, con mis sombras y dificultades; sino teniendo como fuente el Amor mismo que es Jesús. Desde allí, encendemos al mundo”. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com 

Twitter: jrodriguezev 

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