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La palabra misa tiene un significado etimológico importante, que nos ayuda a entender la misión que como cristianos tenemos delante.  “Misa” proviene del latín (“missa”) y significa envío o misión. Con ella concluye la celebración eucarística, al proclamar el celebrante: “Ite, missa est”. Implica que luego de ser alimentados con el pan de la palabra de Dios y con su cuerpo, habiendo recibido al Espíritu Santo, somos enviados al mundo. El propósito de ese envío se relata en Marcos 16: 15: “Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura”.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que, mediante el bautismo “… somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión.” (Núm. 1213). Nos corresponde a todos los bautizados regar la semilla del Reino de Dios, mediante la proclamación del Evangelio en todo el mundo. ¿Cómo lo hacemos?   Lo primero que debemos reconocer es que esta misión no fue encomendada para realizarla en forma aislada, es una tarea que debemos realizar todos y de forma conjunta, como Iglesia. Nos instruye el Catecismo que cuando la Iglesia, “enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la comunión de las personas; y les descubre las exigencias de la justicia y de la paz”, cumple su misión de anunciar el Evangelio. (Núm. 2419) Todo miembro de la Iglesia, debe también corresponder, según sus dones y su vocación, al ejercicio de esta misión.  En su mensaje, con motivo de la 59a Jornada Mundial de las Misiones (2021), el Papa Francisco afirma: “cada uno de los bautizados, sea cual sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador.”  

La misión de la Iglesia, no se limita a predicar la Palabra, sino que conlleva testimoniarla, exponiendo las implicaciones que tiene el mensaje de Cristo en la vida de la sociedad y promoviendo la justicia en el mundo. (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, 67).  De la misión religiosa de la Iglesia “se derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina.” (CDSI 68). En la Doctrina Social de la Iglesia, podemos encontrar el camino para renovar a la sociedad y sus estructuras (CDSI 69).   De esta forma, podemos comprender nuestra responsabilidad social de promover la justicia y la caridad, no ya sólo como ciudadanos, sino como cristianos. Iluminados por esta doctrina, los laicos podemos reconocer nuestras obligaciones políticas, económicas y administrativas y dirigirlas de acuerdo con las enseñanzas del Evangelio. (CDSI 83)

Nuestro testimonio misionero comienza en nuestro hogar y nuestra comunidad.  Como familia, nuestra misión evangelizadora se resume en cuatro responsabilidades primordiales: revelar y comunicar el amor de Dios a nuestros hijos, formar a sus miembros en el evangelio, participar en el desarrollo de la sociedad y testimoniar su fe mediante su participación activa en los ministerios de su Iglesia.  En su mensaje, al iniciar la Jornada Mundial de las Misiones en 2022, el Papa Francisco explica: “En la evangelización, el ejemplo de vida cristiana y el anuncio de Cristo van juntos; uno sirve al otro.” Nos invita además a testimoniar a Cristo con palabras y obras, en cada ámbito de la vida.  

La misión a la que somos enviados es de carácter universal. Nos debe llevar a reconocer que la humanidad trasciende los conceptos de nación y que todos somos hijos de Dios. En su Encíclica Redemptoris Missio, nos dice San Juan Pablo II: “Jesús vino a traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los admirables horizontes de la filiación divina.” (RM, 11) La acción del cristiano no puede limitarse a su entorno inmediato, sino que abarca todos los horizontes de la humanidad e implica la solidaridad con todos los pueblos. En su misión “ad gentes”, dirigida a las personas que no conocen la fe cristiana, la Iglesia reconoce esa responsabilidad y exhorta a todos los fieles a que apoyen con sus dones y sus oraciones a los misioneros en tierras no cristianas.  

La misión a la que somos enviados todos los cristianos es también nuestro camino de santidad. Implica comprometernos a ser parte del proyecto de construir el Reino de Dios, a la luz de la fuerza que recibimos del Espíritu Santo. Nos proponemos dar testimonio de nuestra fe, en todo momento, de forma coherente, mediante el servicio a los valores esenciales de caridad, justicia, paz y juntos, construir una sociedad, en la cual hay cabida para todos los hombres de buena voluntad. 

Puerto Rico es la sede del Congreso Americano Misionero CAM6 2024 que pretende impulsar el ardor misionero a todo el Continente.

(Puede enviar sus comentarios al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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