En el corazón del Santuario Nacional de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, patrona de toda la nación puertorriqueña, la Iglesia que peregrina en la Arquidiócesis de San Juan vivió intensamente la Misión Cuaresmal Arquidiocesana durante los días 17, 18 y 19 de marzo. Fueron jornadas marcadas por la oración, la predicación y el encuentro profundo con el Señor, en un ambiente de recogimiento y esperanza en preparación para la Semana Santa.
Cada uno de los tres días siguió un mismo itinerario espiritual que permitió a los fieles adentrarse progresivamente en el misterio de la fe: el rezo del Santo Rosario, la celebración de la Santa Misa, la predicación a cargo del invitado especial, el Sr. Andrés Arango, y el cierre con adoración eucarística. Este esquema no solo organizó las actividades, sino que configuró una verdadera experiencia de encuentro con Dios.

Desde el inicio, el Rosario reunió a la comunidad en torno a la Virgen María, quien, como Madre, conduce siempre a sus hijos hacia Jesús. En este contexto, el Santuario Nacional se presenta como un lugar privilegiado de gracia, especialmente en este Año Jubilar Mariano, donde se invita al pueblo fiel a peregrinar y dejarse renovar por la presencia de Dios.
La celebración eucarística, centro de cada jornada, fortaleció la comunión eclesial y permitió a los participantes alimentarse del Cuerpo y la Sangre de Cristo. En este tiempo cuaresmal, la Eucaristía se convierte en fuente de conversión y renovación interior.

La predicación del Sr. Andrés Arango ofreció un camino claro de reflexión durante los tres días. El primer día invitó a los fieles a confiar plenamente en el amor misericordioso de Dios, recordando que, aunque muchas veces se falle, el Señor siempre espera con los brazos abiertos. El segundo día estuvo dedicado a la figura de María, modelo de gracia y entrega, mientras que el tercer día centró su mensaje en el llamado universal a la santidad, exhortando a vivir y amar como Jesús.
Estas reflexiones encontraron eco en el corazón de los participantes, quienes, a través de la adoración eucarística, pudieron prolongar ese encuentro íntimo con Cristo. En el silencio ante el Santísimo, muchos presentaron sus cargas, esperanzas y deseos de conversión, en un ambiente de profunda devoción.

Durante la misión, también se recogieron las impresiones de varios pastores de la Iglesia. El arzobispo de San Juan, Mons. Roberto González Nieves, destacó que la Cuaresma es “una peregrinación, no hacia un lugar, sino hacia una persona: Cristo Resucitado”, quien trae consigo el don de la paz y llama a los creyentes a ser instrumentos de esa paz en medio del mundo.
Asimismo, el obispo auxiliar, Mons. Tomás González, subrayó que este tiempo litúrgico es una oportunidad privilegiada para renovar el bautismo y redescubrir la identidad como hijos amados de Dios, invitando a todos a vivir la Cuaresma como un tiempo de misericordia y crecimiento espiritual.
Ambos mensajes convergen en una misma dirección: la necesidad de una conversión auténtica que transforme la vida cotidiana y prepare el corazón para celebrar el misterio pascual.

La Misión Cuaresmal Arquidiocesana fue una experiencia viva de Iglesia. En cada rostro en oración, en cada gesto de recogimiento, en cada momento de silencio ante el Santísimo, se hizo visible lo que tantas veces nos recuerda el arzobispo: el pueblo de Dios es“piedras vivas” del santuario.
Al concluir estos tres días, queda en los fieles la invitación a continuar el camino iniciado: intensificar la oración, vivir la caridad y disponerse a celebrar con profundidad el Triduo Pascual. Porque la Cuaresma, como se vivió en esta misión, no es un tiempo aislado, sino un camino que conduce al encuentro definitivo con Cristo Resucitado.



