Renace la esperanza: Mensaje de Pascua de los Obispos de Puerto Rico

Mons. Roberto Octavio González Nieves, ofm

Arzobispo de San Juan de Puerto Rico

Queridos hermanos y hermanas:

Cristo, nuestro Señor, ha resucitado, ¡aleluya!

Por eso, con un corazón rebosante de alegría y esperanza nos decimos los unos a los otros: ¡Felices Pascuas! Es un anuncio grande, es una grata noticia que viene desde el lugar menos esperado, desde un sepulcro vacío. Desde allí, quienes lo buscan muerto y tendido sobre la frialdad de ese sepulcro, ahora exclaman: el sorprendente anuncio: Jesús, el Crucificado, «no está aquí, ha resucitado» (Lc 24,6).

No está en la tumba, ¡está vivo! ¡Está entre nosotros! Camina en Emaús junto a sus desolados y tristes discípulos y camina en Puerto Rico junto a nuestro pueblo que por más de 500 años lo ha hecho parte de nuestro diario vivir. Un pueblo que ha vivido grandes tragedias como huracanes, terremotos, tsunami, epidemias, la tragedia de la esclavitud y la tragedia del coloniaje más largo de la historia. Hoy ese mismo Puerto Rico se ve esperanzado por la fuerza de la resurrección de Jesús.

Cristo, que justo antes de morir en la cruz, vivió burlas, traiciones, violencia, odio, injusticias, sale del sepulcro no con sed de guerra, ni de venganza, ni de odios, sino con sed de amor, con un mensaje de paz, de amor y de reconciliación. Su resurrección nos invita a dejar atrás los sentimientos de odio, de maldad, de guerra, de estridencia. Celebrar la resurrección de Cristo es acoger en nuestras vidas su mensaje de paz y amor, de perdón y reconciliación y de fraternidad entre todos los hijos e hijas de esta patria puertorriqueña y para toda la humanidad  

¡Felices Pascuas a todas y a todos!

Padre Obispo Rubén A. González Medina, cmf

Obispo de la Diócesis de Ponce

La Pascua no es solo un recuerdo de algo que ocurrió hace dos mil años. La Pascua es un acontecimiento que sucede hoy. Hoy, en medio de nuestra historia, Jesús resucita. Resucita: cuando la esperanza vence al miedo, cuando el amor es más fuerte que el odio, cuando alguien decide perdonar en lugar de vengarse, cuando un corazón apagado vuelve a encenderse en Dios. Jesús resucita: en nuestras familias cuando vuelve la reconciliación, en nuestra Iglesia cuando volvemos a la misión, en nuestro pueblo cuando caminamos juntos como discípulos misioneros, en cada persona que decide levantarse después de una caída. La resurrección significa que Dios siempre tiene la última palabra, y esa palabra no es muerte, ni fracaso, ni oscuridad. La última palabra de Dios es VIDA. Por eso, en este tiempo pascual volvemos a decir con fuerza: “Señor, enciende nuestro corazón y fortalécenos en la misión”.

Mons. Alberto Arturo Figueroa Morales

Obispo de la Diócesis de Arecibo

El Credo da la razón del misterio pascual: “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación [Jesús]bajó del cielo”. “¡Por nuestra salvación!” Por eso no solo me regocija la resurrección de Jesús, sino también el que sean muchos los que apropian esta gracia. Prueba de esto es el gran número de personas que están acercándose a la Iglesia para pedir el bautismo: en España 14,000 (el número más alto en veinte años), en Francia 20,000, en Australia se están rompiendo todos los récords. También en Puerto Rico cada año piden el bautismo tanto jóvenes como adultos y hasta mayores que sienten en su corazón una urgencia, una gracia, un fuego. Es el Espíritu Santo, prometido por Jesús Resucitado que actúa siempre y se abre paso en los corazones. ¡Feliz pascua a los neófitos (los recién bautizados), y a todos ustedes! ¡Resucitó! y ustedes han resucitado con él. ¡Aleluya!

Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de la Diócesis de Caguas 

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos, queridos religiosos y religiosas, queridas familias, comunidades parroquiales y todo el santo Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Caguas:

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Con el corazón lleno de gratitud y esperanza, les dirijo este mensaje en la santa Pascua del Señor 2026. La Iglesia entera se reviste hoy de alegría porque la tumba está vacía y porque el Crucificado vive para siempre. La Resurrección de Jesucristo no es solamente el recuerdo de un acontecimiento pasado; es la irrupción de la vida nueva de Dios en medio de nuestra historia, en medio de nuestras heridas, de nuestras luchas, de nuestras familias y de nuestras comunidades.

La Pascua nos anuncia que ninguna noche es eterna, que ningún dolor tiene la última palabra y que ninguna piedra sepulcral es más fuerte que el poder del amor de Dios. En Cristo resucitado, el Padre renueva todas las cosas. Él sale a nuestro encuentro con su paz, entra en nuestras puertas cerradas, toca nuestras heridas y nos devuelve la esperanza. Allí donde parecía reinar el miedo, Él siembra confianza; allí donde había cansancio, Él camina con nosotros; allí donde había tristeza, Él hace renacer la alegría.

En este Año de la Familia, nuestra celebración pascual adquiere un brillo especial. La Resurrección del Señor quiere tocar de manera concreta nuestros hogares, para que cada familia redescubra su vocación de ser escuela de fe, semilla de esperanza y santuario de amor. Cuando Cristo resucitado ocupa el centro del hogar, la familia aprende de nuevo a orar, a escucharse, a perdonarse, a acompañarse y a servir. Entonces la casa se convierte en una pequeña Iglesia doméstica donde la fe se transmite en lo cotidiano, donde el amor se vuelve concreto y donde la esperanza no se apaga.

Sé que muchas familias viven momentos duros: preocupaciones económicas, enfermedades, duelos, distancias, conflictos, soledades y cansancios. Pero, precisamente ahí quiere entrar el Resucitado. Él no viene a reprocharnos nuestra fragilidad, sino a llenarla de su misericordia. Él no se aleja de nuestras dudas, sino que se hace compañero de camino. Él no desprecia nuestras pobrezas, sino que las transforma en espacio de gracia. Por eso, en esta Pascua les exhorto a no rendirse, a no cerrar el corazón, a no dejar que la tristeza robe la alegría del Evangelio.

A ustedes, sacerdotes y diáconos, gracias por su entrega generosa al servicio del pueblo de Dios. Que el Resucitado renueve en ustedes la alegría del ministerio, la ternura pastoral y el ardor misionero.

A ustedes, religiosos y religiosas, gracias por ser signo vivo del Reino en medio de nuestro pueblo. Que la luz de la Pascua fortalezca su consagración y haga fecundo su testimonio.

A ustedes, familias de nuestra diócesis, les digo con afecto de pastor: no tengan miedo de volver a poner a Cristo en el centro del hogar. Oren juntos. Bendigan la mesa. Escúchense con paciencia. Pidan perdón. Abran espacio a la Palabra de Dios. Háganse presentes unos a otros. Así, aun en medio de las limitaciones, sus hogares podrán ser verdaderos santuarios de amor y semilleros de esperanza para Puerto Rico.

Y a todo nuestro santo Pueblo de Dios, les recuerdo que la Pascua también nos envía. No podemos guardar para nosotros solos la alegría del Resucitado. Somos enviados a llevar su luz a los que sufren, a sostener al que está caído, a acompañar al que se siente solo, a promover la reconciliación, a sembrar esperanza en nuestros barrios, comunidades y parroquias. Una Iglesia pascual es una Iglesia viva, misericordiosa, cercana y misionera.

Que en esta Pascua 2026 podamos decir con verdad y con decisión: “Mi familia y yo serviremos al Señor”. Que nuestras comunidades sean renovadas por la fuerza del Evangelio y que la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte se refleje en una vida más fraterna, más santa y más comprometida.

Pongo este tiempo de gracia bajo la protección de María, Madre de la Divina Providencia, para que ella acompañe nuestros hogares y nos enseñe a acoger a Jesús con ternura y fidelidad. Y pedimos la intercesión del Beato Carlos Manuel, para que nos anime a caminar con gozo pascual en esta Diócesis sinodal y misionera.

Con mi bendición y afecto pastoral, les deseo una santa y gozosa Pascua de Resurrección.

¡Cristo vive y camina con nosotros! ¡Felices Pascuas!

Mons. Ángel Luis Ríos Matos

Obispo de la Diócesis de Mayagüez

En esta gozosa celebración de la Pascua, la Diócesis de Mayagüez se une para proclamar con esperanza: ¡Cristo ha resucitado!  En el marco de nuestro cincuentenario diocesano, damos gracias a Dios por el camino recorrido y renovamos nuestro compromiso de fe y de servicio.  

Felicitamos, con alegría pascual, a los fieles de toda la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico, pidiendo que la luz gloriosa de “Aquel que Vive”, fortalezca cada una de las iglesias diocesanas. Que, como comunidad católica boricua, sepamos sembrar esperanza para todos los hijos de esta nación puertorriqueña a la que, como Iglesia de Cristo, servimos.

En medio de la guerra, en la que perversamente nos involucran, fijemos nuestra mirada en Cristo Resucitado, fuente de consuelo, paz y vida nueva.  Que su victoria ilumine nuestros corazones y nos impulse a ser testigos de esperanza y de vida.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Mons. Luis Francisco Miranda Rivera, O. Carm

Obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

¡Cristo ha resucitado! Esta es la noticia que llena de luz nuestra fe y renueva nuestra esperanza. En medio de las pruebas, incertidumbres, guerras, persecuciones y dolores de nuestro tiempo, la Resurrección del Señor nos asegura que el mal no tiene la última palabra, que la vida vence a la muerte y que el amor triunfa sobre el pecado.

En este camino pascual, vivimos también la gracia del Año Jubilar Mariano en Puerto Rico, contemplando a María como testigo fiel de la Resurrección y Madre de la esperanza. Ella nos enseña a permanecer firmes en la fe y a confiar plenamente en las promesas de Dios. Al mismo tiempo, la Iglesia nos invita a disponernos para Pentecostés, abriendo el corazón al Espíritu Santo, que renueva, fortalece y envía. Que este tiempo sea de oración intensa, de conversión sincera y de apertura a sus dones, para ser verdaderos testigos de Cristo en el mundo. La Pascua nos impulsa a caminar como hijos de la luz, llevando a todos la alegría del Señor resucitado.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

Mons. Tomás González

Obispo Auxiliar de San Juan 

Tan cerca, tan presente 

¡Felices Pascuas de Resurrección!  Que bueno es darse cuenta de que no estamos solos en la vida.  Que bendición es experimentar la cercanía de un Dios Uno y Trino que sigue obrando, respetando siempre la libertad y buscando el mayor bien.  Hago memoria de los bautismos que he podido celebrar, siendo testigo del proyecto divino, que comienza en una persona y continua en la familia y en la comunidad.  Las reconciliaciones que he recibido y las administradas.  Inmensa la misericordia de Dios, porque Él vive.  ¡Las primeras comuniones, cuanto hablan de la humildad de Dios y de su anhelo de sostenernos!  El Espíritu Santo dándose en las confirmaciones.  Dios bendiciendo el amor del hombre y la mujer constituyéndolos familia, al igual que hombres consagrándose sacerdotes para servir al pueblo.  La consolación a una persona que recibe la unción de los enfermos.  Una llamada a un familiar, a un amigo, a un anciano, una mirada de amor, un perdón, todo me habla de un Dios resucitado obrando.  ¡Aleluya! 

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