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Al llegar la Cuaresma, los fieles somos recordados del compromiso que debemos renovar con tres prácticas de nuestra fe: la limosna, el ayuno y la oración. Son actos que debe testimoniar la vida de todo cristiano. Limosna es una palabra que procede del griego y significa “misericordia”. Es una manifestación de la caridad cristiana. La limosna consiste en compartir nuestros bienes con los que lo necesitan, de modo desinteresado. Es un mandato para el pueblo judío: “Nunca faltarán pobres en el país, por eso te ordeno: Se generoso con tu hermano, con el necesitado y con el pobre de tu país.” (Deut 15,11). Fue también una práctica distintiva de las primeras comunidades cristianas, una manifestación del amor de Dios, como nos dice San Juan en 1 Jn 3-17: “Si alguien que tiene bienes en este mundo ve a su hermano en necesidad y no se apiada de él, ¿cómo puede permanecer en el amor de Dios?”.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos exhorta a la práctica de la caridad para con los necesitados y la enmarca en un deber no solo de amor, sino también de justicia: “Entre otras obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios.” (CCE, 2447) Se convierte en un deber de justicia porque cuando damos a los pobres las cosas esenciales, se les devuelve lo que realmente les corresponde (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia Católica, 184).

Reconocer que todo bien procede de Dios y que en justicia debemos ser capaces de compartir con los que necesitan, nos permite asumir la limosna como un acto de gratuidad a Dios, que debe ofrecerse a los necesitados con una actitud generosa y alegre. Señala el Papa Francisco durante la Santa Misa del  5 de marzo de 2014: ” La limosna nos ayuda a vivir la gratuidad del don, que es libertad de la obsesión del poseer, del miedo a perder lo que se tiene, de la tristeza de quien no quiere compartir con los demás el propio bienestar”. 

Ofrecer misericordia no puede ser un acto que se realice como obligación y con prisa, por eso, el sentido cristiano de la limosna implica mirar a la persona y detenerse para comprender su situación. No basta alargar la mano y entregar una moneda. Tampoco podemos ofrecer nuestra caridad con una actitud de superioridad, que alimente nuestro ego. Al dar limosna hay que también abarcar el factor espiritual, nos sugiere el papa Francisco que dedicar tiempo a quien necesita, visitar a un enfermo, sonreír, son formas de ofrecer limosna espiritual.  De igual forma podemos ayudar a los necesitados a través de organizaciones que administren óptimamente los bienes.

En su Audiencia Jubilar celebrada el 9 de abril de 2016, el Papa Francisco resume las características de la limosna cristiana: “En conclusión, la limosna es un gesto de amor que se dirige a cuantos encontramos; es un gesto de atención sincera a quien se acerca a nosotros y pide nuestra ayuda, hecho en el secreto donde solo Dios ve y comprende el valor del acto realizado. Pero, dar limosna también debe ser para nosotros una cosa que sea un sacrificio”. La verdadera caridad, propone dar una parte de lo que nos parece indispensable y no solo de lo que nos sobra.

El Compendio de la Doctrina Social nos aclara que la práctica de la caridad no se limita a la limosna. La caridad y la justicia también abarcan la dimensión social y política de la pobreza. Sin embargo, siempre existirán situaciones en las que las personas requerirán cubrir necesidades especiales, a pesar de las prestaciones y programas sociales. En estos casos estamos llamados a proveer ayuda asistencial, siempre de forma prudente, dirigida a aquellos que realmente lo necesitan. La acción de la limosna llega a su plenitud cuando el bien que compartimos ayuda al prójimo a mejorar su condición. Sin embargo, lo que el necesitado haga con los bienes compartidos no es directamente responsabilidad de quien da, sino de quien recibe los bienes. La verdadera limosna cristiana ha de ser un acto de misericordia, testimonio del amor a Dios.

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano