Puerto Rico, hermosa Isla del Caribe, habitada por un pueblo preñado de alegría y fiesta, con gente amable y acogedora, con una Iglesia en camino que alza las velas de la fe, la esperanza y la caridad al iniciar la Misión Continental Permanente en toda la Isla.

Desde el viernes 6 al domingo 8 de noviembre, tuve la posibilidad de participar en la Asamblea Nacional de Pastoral en Puerto Rico. Fui invitado a este importante evento eclesial por la Conferencia Episcopal Puertorriqueña. Como Secretario General del CELAM, me pidieron que iluminara su trabajo con el tema “Comunión y Misión Evangelizadoras, orientadas a la Familia, Juventud, Educación, Salud, Economía y Pobreza”. Estos cinco aspectos, fueron las prioridades que durante un periodo de 5 años focalizaron como puntos primordiales de atención pastoral y acompañamiento eclesial.

En esta Asamblea participamos 110 agentes de pastoral: Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y laicos. Fueron convocados todos los representantes de las comisiones diocesanas de pastoral de cada una de las seis diócesis que componen la única Provincia Eclesiástica de Puerto Rico. Los seis Obispos estuvieron presentes, manifestando su unidad y comunión e impulsando a sus equipos diocesanos. Me llamó mucho la atención la participación cualificada de los laicos e igualmente la presencia de varios diáconos permanentes casados. “Con Cristo, Misioneros a Puerto Rico entero” era el lema que a todos hacía vibrar y gritar con entusiasmo.

Al estar frente a la Asamblea, tomé conciencia de que realmente la Iglesia tiene rostro, es de carne y hueso, se puede ver, tocar y palpar; pero también se puede percibir la fuerza de su Espíritu. La Iglesia como germen del Reino de Dios, vive en el “aquí y ahora” y en constante tensión escatológica del “ya pero todavía no”. En la Iglesia todos somos hermanos con una misma dignidad, aunque con ministerios diferentes. Con una misma misión, aunque con diversas responsabilidades. Unidad y pluralidad, comunión y participación eso es la Iglesia. Y la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, así que, donde está la Iglesia, está el mismo Cristo. La Iglesia y Cristo no son realidades abstractas, sino rostros humanos muy concretos y comunidades eclesiales vivas. Allí en esa Asamblea, estaba la Iglesia y estaba Cristo.

El Objetivo de la Asamblea era que los participantes recibieran, en espíritu de comunión eclesial, la programación eclesial que era fruto de los cuatro Encuentros Nacionales de Pastoral, para afianzar, mediante la renovación de estructuras y estrategias pastorales, la Nueva Evangelización que anuncia y edifica el Reino de Dios. La experiencia fue muy rica: tuvimos momentos de oración, de reflexión, de estudio, de trabajo personal y grupal, iluminación bíblico-teológica y muchos momentos de compartir y de diálogo.

Ese encentro tuvo el sabor de “Galilea”, es decir, del encuentro que Jesús Resucitado tuvo con sus discípulos antes de su Ascensión a los cielos, cuando los convocó y envío a todas las naciones. “Los once discípulos fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había mandado…Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos: bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt 28, 16-20). Galilea es el punto de llegada y punto de partida. Desde esta perspectiva, todos los presentes en la Asamblea también habíamos sido convocados por Jesús, en la persona de los Obispos Puertorriqueños, para recibir el encargo de ir por todo el mundo, siendo testigos del amor, la ternura y la misericordia de Dios.

La misión de la Iglesia y nuestra propia misión se fundamentan en la comunión y participación de la Verdad, el Amor y la Vida de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todos los bautizados recibimos nuestra misión en la Iglesia, la cumplimos en comunión y participación de Iglesia y desde ella vamos como enviados a evangelizar a todas las gentes en el mundo entero. Todos los bautizados somos discípulos y misioneros de Jesucristo. Cada uno de nosotros tiene una vocación y una misión que debe cumplir con amor y con una actitud de servicio.

La fuerza del discípulo misionero es su intimidad con Jesús, centro de su vida, alegría y plenitud de su existencia. Jesús nos invita a todos a ir a las periferias físicas y existenciales, haciendo de estas el nuevo centro de la Evangelización. Los puertorriqueños que participaron en la Asamblea fueron invitados a ir al encuentro de las familias, a salir a buscar a los jóvenes, a hacer presencia significativa en las instituciones educativas, a llevar la caricia de Dios a los enfermos y a luchar por una economía más justa que beneficie especialmente a los más pobres. Todos fueron invitados a trabajar en el cambio de estructuras y a no tener miedo de llevar la luz del Evangelio al mundo de la cultura, la política y la economía.

Es un hecho que la misión renueva nuestra identidad cristiana, nos devuelve el entusiasmo pastoral, nos ayuda a superar las dificultades en nuestra comunidad y nos hace participar en la salvación de Jesucristo. La principal perspectiva de vida y servicio de los discípulos y misioneros de Jesús es realizar la propia misión en y desde comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras.

Agradezco a Dios la oportunidad que me ha regalado de conocer esa hermosa Isla y sobre todo a la Iglesia que peregrina en Puerto Rico. Agradezco a mis hermanos Obispos por su invitación, generosidad y finas atenciones. Agradezco a todos los participantes de esta Asamblea Nacional de Pastoral por su testimonio de fe, por todos los esfuerzos realizados y por su alegría. Un Agradecimiento especial a quienes fueron nuestros anfitriones, a Mons. Rubén y al gran Equipo de servicio de la Diócesis de Caguas. También quisiera reconocer y alabar el trabajo de Mons. Álvaro Corrada, Obispo de Mayagüez y Presidente de la Comisión Nacional de Evangelización y a su Equipo de trabajo por todo el esfuerzo realizado durante estos años y su empeño por seguir acompañando esta importante Misión Permanente en Puerto Rico.

Que Nuestra Señora, la Virgen de la Divina Providencia, patrona de Puerto Rico, vele y acompañe esta Misión Continental Permanente, para que Cristo sea alegría y vida plena para nuestro pueblo. Amén.

Mons. Juan Espinosa Jiménez
Secretario General
Consejo Episcopal Latinoamericano

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