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‘La grandeza de Charlie era su pequeñez y humildad’

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“La grandeza de Charlie era su pequeñez y humildad”, con esas palabras describió Norma Díaz, al Beato Carlos Manuel Rodríguez Santiago, con el que compartió en el Centro Universitario Católico en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras desde 1958 hasta su fallecimiento en 1963.

Norma relató que conoció a Charlie en el Centro Universitario cuando ella tenía 18 años. Detalló que diariamente se reunían en el Centro una gran cantidad de personas que incluía: estudiantes, profesores y personal de administración. “Allí él hablaba de los Sacramentos, de la liturgia, del amor de Dios como algo real y actual. Él quería que nosotros diéramos una respuesta acercándonos a los Sacramentos, para eso participábamos de charlas y retiros de fin de semana y en otras actividades. En todas siempre había un espacio para la oración y la Eucaristía”, recordó.

Mencionó que cuando el Beato se enteró que a ella le gustaba cantar un día le dio un papel con una canción para que la ensayara para la misa del mediodía. Esto con el fin de que todos los que estuvieran en la Celebración participaran, puesto que para esa época la misa se daba en latín y el sacerdote estaba de espalda al pueblo. Díaz apuntó que tenían traducido al español lo que contestaban, “todo lo que decíamos lo entendíamos”.

Precisó que Carlos Manuel seleccionaba cuidadosamente las canciones que se iban a cantar en la entrada, ofertorio, comunión y salida, porque era muy celoso con la música litúrgica. “Gracias a él entendí por qué cantar en esos momentos, lo que se puede y lo que no se puede cantar. Nos decía que el cántico tiene que expresar lo que va pasar en el altar. No es cantar por cantar, sino para unirnos a lo que está pasando. Es cantar para evangelizar, para expresar nuestra fe, para expresar el amor que estamos viviendo en ese momento específico de la Eucaristía”, comentó.

Continuó diciendo que “también nos enseñó a cantar en gregoriano y en latín para misas especiales como podía ser una consagración a la Virgen María”.
Aceptó que, aunque sabía que el Beato tocaba el órgano, nunca lo vio hacerlo porque en el Centro Universitario no había uno. Recalcó que fue gracias a Charlie que comprendió que la idea de los coros no es lucirse y presentar un acto artístico. Por el contrario, “ellos (el coro) son parte del pueblo que anima a los presentes a expresar su fe cantando”.

Enfatizó que junto a Carlos Manuel descubrió la importancia de la música litúrgica. “A través de lecturas, charlas, explicaciones personales y explicaciones antes de la misa Él se aseguró de que lo que hiciéramos tuviera significado que nada se hiciera por rutina, sino que lo que se hiciera envolviera la mente, el corazón y el sentir de las personas que estábamos allí”, reiteró.

Coro Peregrino Carlos M. Rodríguez
De otra parte, tras darse a conocer que la Santa Sede aprobó el milagro que permitiría la beatificación de Charlie, P. Pepe Rodríguez, OSB, primer abad puertorriqueño y hermano de Carlos Manuel, le pidió a Norma que se encargara de los cantos para la misa que se haría la noche antes de la beatificación y la que se realizaría al día siguiente en Acción de Gracias, por el primer Beato puertorriqueño en Roma.

“Yo dirigía un coro parroquial, pero con la encomienda que nos dio el Abad se nos ofrecieron personas de otros coros. Finalmente, el grupo fue de aproximadamente 30 personas procedentes de varios pueblos. El nombre que seleccionamos fue Coro Peregrino Carlos M. Rodríguez”, destacó.

Relacionado con las canciones elegidas para ambas celebraciones determinó que se incluyeron aquellas que representaban el origen del desarrollo de la música litúrgica puertorriqueña. Revivió que para la misa de Acción de Gracias al día siguiente de la beatificación, el fenecido Luis Cardenal Aponte Martínez, solicitó un permiso especial para utilizar otros instrumentos que no fueran el órgano, que hasta ese día era el único que había acompañado las voces.

Sobre la experiencia que vivió cantando en Roma manifestó que “esa fue una experiencia maravillosa. Nunca pensé llegar a esas dimensiones. Le estábamos cantando al Altísimo, pero estábamos tan felices de tener a nuestro Beato y al mismo tiempo preocupados de que todo quedara bien, teníamos muchos nervios. Ese fue un regalo de Dios bien grande, bien grande”, puntualizó.

Camille Rodríguez Báez
Twitter: @CamilleRodz_EV
c.rodriguez@elvisitantepr.com

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