1. En aptitud de acción de gracias, con alegría y espíritu de discípulos misioneros, abrimos y entramos por la Puerta Santa al iniciar este Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Damos gracias a Dios, que ha inspirado al Papa Francisco para convocar y proclamar este Jubileo para la Iglesia, y con este, llevar la Puerta Santa a todas las Diócesis del mundo. Por eso, hoy, vivimos y celebramos un gran acontecimiento de fe, de esperanza y caridad, que debe repercutir con fuerza en cada uno de nosotros, moviéndonos a la conversión para “ser misericordiosos como el Padre”.

2. La crisis social, económica y moral que vive el País debe sacudir nuestras conciencias y despertar corazones para entrar por la Puerta Santa. Pero, la abrimos para entrar con deseos verdaderos de renovación y transfiguración, como discípulos y testigos de la misericordia. Se nos muere el País en las manos, la familia sigue viviendo dispersa y herida por la falta de perdón, de compromiso y sacrificio, y de alegría. Las comunidades se vuelven indiferentes e insensibles al dolor y sufrimiento de jóvenes adictos, de los presos y de nuestros viejos que viven la soledad y la tristeza. El miedo, el individualismo y el fanatismo, nos cierran los ojos y el corazón.

3. Además, tenemos que aceptar que muchos cristianos estamos distraídos, ofuscados o echando culpas a los demás y buscando excusas para no asumir responsabilidad ni responder al llamado de Jesús y a los signos de los tiempos en la realidad de este País. Ha llegado el momento en que, cada cual, tiene que asumir compromiso con la realidad que vivimos para vencer la dependencia, la indiferencia, el individualismo, los fanatismos e idolatrías que nos dividen como sociedad y destruyen la salud mental de nuestra gente. Hoy, con el Papa Francisco, tenemos que decir: ¡Basta de cegueras y miopías, de espiritualidades sin caridad, de fe sin obras, de separación entre fe y vida! Con estas actitudes nos hacemos cómplices del dolor y del sufrimiento de muchos. Este Jubileo es tiempo de gracia, es oportunidad y llamada a la conversión, es bendición si escuchamos la voz de Dios y seguimos a Jesús con fidelidad, compromiso y testificamos su misericordia y su perdón para sembrar paz y concordia fraterna en Puerto Rico.

¿QUÉ ES EL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA?

4. El motivo especial de este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, es que el hombre moderno tiene urgente necesidad de “experimentar el toque dulce y suave del perdón de Dios, su presencia la lado de nosotros y su cercanía”, (Catequesis del Papa Francisco en al Audiencia General del miércoles 9 de dic. 2015). “La Iglesia necesita de este momento extraordinario. No digo es bueno… sino, que la Iglesia necesita de este momento ante un mundo de cambios acelerados y profundos, donde, está llamada a ofrecer una contribución peculiar para hacer visible la presencia y la cercanía de Dios”, (Ibid).

5. Por eso, nos invita a vivir y a contemplar la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece ante la oscuridad del pecado, para que nos transformemos en testigos vivos, convencidos y eficaces. Sólo así, podremos volver a lo esencial y a la naturaleza verdadera del Evangelio. Se trata de un tiempo privilegiado para la Iglesia para que viva el perdón, pues, “la alegría de Dios es perdonar, el ser de Dios es misericordia”. Por esto, durante este año, “debemos de abrir el corazón para que este amor, esta alegría de Dios, nos llene, nos llene a todos de su misericordia”. Así, este Jubileo será un tiempo favorable para nosotros, “si aprendemos a elegir lo que Dios más le gusta, y lo que a Dios más les gusta es su “misericordia, su amor, su ternura, su abrazo, su caricias”, (Ibid).

LA PUERTA SANTA

6. La Puerta Santa sólo se abre en un Año Jubilar para que los peregrinos puedan entrar a través de ella y ganar la indulgencia plenaria vinculada al Jubileo. Por eso, nos dice el Papa Francisco que, “cualquiera que entre podrá experimentar el amor gratuito de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza”, (MV n.3, y segunda carta DFH, n.10). La Puerta Santa, siguiendo una tradición milenaria, en el Jubileo de la Misericordia, se convierte en llamada a derrumbar los muros de la indiferencia, del egoísmo y del odio, dejándonos abrazar por el amor compasivo y sanador de Cristo, que es “la puerta de las ovejas”, (Jn 10,7). Así, nos afirma el Papa Francisco, categóricamente: “atravesando la Puerta santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros”, (MV 3; segunda Carta Pastoral DFH, n. 11).

LA INDULGENCIA PLENARIA

7. “El Papa Francisco ha dispuesto que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como una genuina vivencia de la misericordia de Dios, la cual va al encuentro de todos con rostro del Padre que acoge y perdona, olvidando completamente el pecado cometido, (MV 22). Aunque en el sacramento de la reconciliación, nuestros pecados son perdonados, sin embargo, “la huella negativa que los pecados tienen en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. Sin embargo, con alegría y esperanza, nos dice el Papa: “La misericordia de Dios es más fuerte que esto. Se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo (la Iglesia) alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que recaer en el pecado”.

8. Por tanto, al recibir la indulgencia entramos en una sanación integral , donde, la Iglesia actúa como Madre de sus hijos. También, el Papa nos habla de esta acción eclesial, donde, se suman los Santos y Beatos en la Eucaristía, que: “vienen en ayuda a nuestra fragilidad, y así, la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de encontrar la debilidad de unos con la santidad de otros” (MV 22; segunda carta n. 13). Luego, para ganar la indulgencia plenaria, tenemos que entrar por la Puerta Santa como peregrinos y en espíritu de conversión y de reconciliación. De aquí, la necesidad de participar de los Sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía, seguidos de la profesión de fe (El Credo) y de la Oración porcel Santo Padre y de la Iglesia, en general.

CONCLUSIÓN

9. Les invito, mis hermanos, a vivir este Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el mayor espíritu de conversión y de penitencia. Si no cambiamos, desde adentro, seguiremos viviendo caminos eclesiales equivocados y vidas torcidas, sin alegría ni paz en nuestros corazones. Pero, Dios, “rico en misericordia”, nos muestra el “rostro misericordioso de su Hijo”, llamándonos a sanar, perdonar y perdonarnos, para caminar senderos de esperanza en nuestra Diócesis de El Yunque y en nuestro Puerto Rico”. Escuchemos la voz de Dios y abramos nuestros corazones a su misericordia. María lleva en su vientre la misericordia de Dios, y por eso, es Madre de la Misericordia que la comunica a todos. Dejémonos acompañar por María y contemplemos el Rostro de la Misericordia Divina: Jesús de Nazaret, el Emmanuel, Dios con nosotros. ¡Que venga la Navidad y todo Puerto Rico se convierta en un Belén de Misericordia!

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