En el evangelio de hoy Jesús no se desentiende de la realidad que vive la gente, muy por el contrario, ve al ser humano en su necesidad real y tiene una mirada de compasión que le lleva a hacer suya esa realidad y a actuar para solucionarla. 

Esta mirada nacida de la compasión se convierte en gesto, y éste en don para la vida del otro. No se trata de una compasión emocional y superficial -¡pobrecito, qué pena!-, sino práctica que busca eficazmente una pronta y rápida actuación. ¿De dónde brota todo esto? Es fruto de ese amor a Dios que está en Él y que le hace acercarse con sencillez y ternura al más necesitado. 

Es una compasión que no dilata la solución porque el bienestar de la persona es lo primero. Para Jesús la persona es lo primero de todo y lo más importante, ya que es muy consciente de que la gloria de Dios es que el hombre viva plenamente.

Un anuncio de la Palabra sin la práctica de la caridad no trasmite fielmente la enseñanza de Jesús, y una caridad que no nazca de la vivencia de la fe es puro humanismo.

Al celebrar hoy la Jornada del Enfermo a nivel mundial tengamos presente que el papa Francisco en  su mensaje para esta Jornada que encabeza con el título, ««No conviene que el hombre esté solo». ¡Cuidar al enfermo cuidando las relaciones! Nos recuerda que «los cristianos estamos especialmente llamados a hacer nuestra la mirada compasiva de Jesús». Por eso, invita a cuidar «a quienes sufren y están solos, e incluso marginados y descartados. Con el amor recíproco que Cristo Señor nos da en la oración, sobre todo en la Eucaristía, sanemos las heridas de la soledad y del aislamiento.  Cooperemos así a contrarrestar la cultura del individualismo, de la indiferencia, del descarte, y hagamos crecer la cultura de la ternura y de la compasión». «Los enfermos, los frágiles, los pobres -señala el papa Francisco- están en el corazón de la Iglesia y deben estar también en el centro de nuestra atención humana y solicitud pastoral». 

Padre Obispo Rubén González

Obispo de Ponce