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Uno de los principios básicos que nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia se conoce como el Destino Universal de los Bienes. Establece que la creación de Dios y todos sus bienes pertenecen a todas las personas. La Constitución Gaudium et Spes (69), lo expresa de la siguiente forma: “Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados, en forma equitativa, deben alcanzar a todos bajo la dirección de la justicia, acompañada con la caridad”.  Al exponer este principio, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) aclara, que todo hombre debe tener la posibilidad de gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo (Núm. 172). Por tanto, las estructuras económicas, sociales y políticas deben procurar que cada persona y que cada pueblo tenga las condiciones necesarias para el desarrollo integral. 

El principio del destino universal de los bienes exige que se vele en particular, por todas las personas que se encuentran en situaciones de marginación y por aquellas personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado (CDSI, 182). Por tal razón, concluye el Compendio de la Doctrina Social, es un deber de todo cristiano, en justicia y caridad, atender la dimensión social y política del problema de la pobreza (CDSI, 184).

La existencia de personas sin techo es tal vez el rostro más extremo de la pobreza. Es una condición de vida que ocurre en todos los países del mundo. Aunque no existen estadísticas actualizadas, tenemos un estimado conservador de las Naciones Unidas (ONU) en 2005, que indica que el número de personas sin hogar en el mundo era cerca de 100 millones de personas. Leilani Farha, relatora especial de la ONU sobre la vivienda, afirma que la falta de techo es “un problema grave, uno que apenas recibe la prioridad que merece”. Y añade: “hay pocas ciudades que haya visitado en las que no haya visto gente en las calles obligadas a comer, dormir, cocinar y defecar en las aceras. Se aferran a la dignidad y la vida, pero es un hilo delgado… lo que quizá es más preocupante de todo es quetodos estos asaltos a la dignidad y la vida se aceptan como rasgos inamovibles del nuevo orden económico mundial”.

El Conteo de Personas Sin Hogar en Puerto Rico, de 2022, estableció que hay 2,215 personas a las que le falta un techo donde vivir. Otro estudio llevado a cabo en 2019 reflejó que 2,227 personas pasaban sus días en proyectos de vivienda transitoria. Además, se estima que, por cada persona contada, unas tres a cinco adicionales pudieran igualmente estar sin un techo donde vivir. El número de personas en esta condición parece ir incrementando. Sin embargo, no existe un plan nacional para apoyar a estas personas. La mayor parte de las iniciativas para atender las necesidades de salud y proveer hogares temporeros son llevadas a cabo por Instituciones sin fines de lucro, religiosas y no religiosas.  

El doctor José Alvarado Méndez, profesor en psicología de la Universidad Carlos Albizu, en una ponencia ante la Legislatura destacó: “He podido observar de primera mano las innumerables barreras que tienen las personas sin hogar para poder tener un techo y vida digna, cómo se le niegan servicios, cómo se les hace imposible tener acceso a servicios de salud y cómo día tras día se ven obligadas a continuar en las calles porque no se les da opciones dignas. Es por esto, que se deben adoptar prácticas basadas en el respeto, compromiso, sensibilidad, acompañamiento y un trato digno a aquellos que viven en estas condiciones”. 

Durante este mes de septiembre de 2023, el Santo Padre animó a los fieles a orar “para que las personas que viven al margen de la sociedad, en condiciones de vida infrahumanas, no sean olvidadas”. No solo nuestras oraciones deben acompañarlas, sino también debemos crecer en sensibilidad hacia los sin hogar, aprendamos a verlos y sentirlos como hermanos a los que también Dios les ha dado el derecho de participar de todos los bienes. Debemos acogerlos y acompañarlos, no solo como deber de caridad, sino también como deber de justicia.  

(Puede enviar su comentario al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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