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Inmediatamente después de escoger a los Doce, Jesús bajó del monte y se dirigió a su hogar. Pero cuando llegó ahí, descubrió que se había formado otra multitud, y estas personas eran más demandantes que nunca. Causaron tal tumulto que “ni siquiera podían comer él y sus discípulos”.

Algunos escribas de Jerusalén también aparecieron con una acusación contra Jesús de que estaba asociado con Beelzebú, “el propio jefe de los demonios”. En algún momento, algunos de sus parientes —principalmente primos y otros familiares— llegaron también. Habían escuchado rumores de que Jesús “se había vuelto loco”, y parecía que habían decidido que era momento para “llevárselo” de regreso a casa.

Esa es una gran acumulación de oposición, incomprensión y amenazas, ¿no es cierto? ¿Y qué hizo Jesús? Una vez más, llamó a un grupo más pequeño de personas y los invitó a entrar a su casa.

Trata de imaginar esta escena. La multitud, la familia de Jesús y los escribas permanecen fuera de la casa, distantes de Jesús. Podrían estar tratando de acercarse a él, pero no porque quieran seguirlo. En lugar de escuchar a Jesús, lo interrumpen y perturban su ministerio. Pero un grupo más pequeño está dentro de la casa, sentados con Jesús y escuchan sus palabras. Estos son los que han respondido a su llamado a estar a su lado. Estos son verdaderamente su “madre y sus hermanos”, aquellos que estaban dispuestos a hacer “la voluntad de Dios” en su vida.

Señor Jesús, ¡gracias por invitarme a tu hogar! Aquí estás tú, el Hijo único de Dios, ¡y has escogido pasar tiempo conmigo! Has hecho a un lado la adoración de la multitud, la aprobación de los escribas e incluso la cercanía con tu propia familia, para instruirme. Estoy maravillado de que me consideres parte de tu propia familia. Señor, quiero ser alguien que “hace la voluntad de Dios” Tú sabes lo difícil que eso puede resultar a veces, pero tú nunca te has dado por vencido conmigo. Señor, te pido que me ayudes a estar todavía más dispuesto a escuchar tu invitación y responder a ella. – Leo Zanchettin

Padre Obispo Rubén González

Obispo de Ponce