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“Estamos saciados del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos”, (Sal 123, 4).

El sarcasmo, así como la ironía tienen una dinámica doble: el contenido del mensaje debe desplazarse del emisor al receptor. Es decir, el receptor u oyente tiene que entender el sentido o contenido del mensaje para que, tanto el sarcasmo como la ironía tengan efecto. Mientras que el sarcasmo implica decir algo con la intención opuesta al significado literal de las palabras, la sinceridad implica expresar pensamientos y sentimientos sin doble sentido. A su vez, la ironía implica decir lo contrario de lo que se quiere expresar con la intención de transmitir un significado oculto o sarcástico. La literalidad se refiere a expresarse de manera directa y sin dobles sentidos, tomando las palabras en su sentido exacto y sin ninguna connotación adicional.

La Biblia es un texto antiguo que contiene una variedad de estilos literarios y formas de expresión. Aunque no hay referencias explícitas al sarcasmo o la ironía como conceptos, hay pasajes en los que se pueden encontrar ejemplos de estos elementos.

Un texto eminentemente sarcástico es el último versículo del salmo 137 que inicia diciendo: “Junto a los canales de Babilonia nos sentamos”. Este salmo termina diciendo: “¡feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!”. Ante la situación de opresión y dificultad que estaba sufriendo el pueblo de Dios (por eso el salmo) el autor está sugiriendo que es mejor que no nazcan nuevos miembros de la comunidad.

La Biblia no aborda directamente el tema del sarcasmo o el lenguaje irónico de manera explícita, pero sí ofrece principios generales sobre el uso de las palabras y la forma en que nos relacionamos con los demás. A continuación, hay algunos pasajes bíblicos que podrían relacionarse con el uso inapropiado del lenguaje:

  • Efesios 4, 29: “No salga de su boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan”.
  • Colosenses 4, 6: “Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno”.
  • Proverbios 15, 1: “La respuesta amable calma el enojo, pero la palabra áspera aumenta la ira”.

Estos principios pueden aplicarse para guiar nuestro uso del lenguaje en nuestras interacciones diarias. Esto lleva a pensar en el imperativo categórico kantiano: “Actúa de tal manera que la máxima de tu conducta pueda convertirse en ley universal”.

El sarcasmo y la ironía pueden tener ciertos beneficios, siempre y cuando se utilicen de manera apropiada y en el contexto adecuado. Algunos de los posibles beneficios del sarcasmo y la ironía incluyen:

  • Humor: El sarcasmo y la ironía, pudieran inducirnos al humor, lo que ayudaría a aliviar tensiones y crear un ambiente más relajado en situaciones sociales.
  • Creatividad: Utilizar el sarcasmo y la ironía puede requerir un pensamiento creativo y perspicaz, lo que puede estimular la creatividad y la agudeza mental.
  • Expresión emocional: A veces, el sarcasmo y la ironía pueden ser formas de expresar emociones complejas o negativas de una manera indirecta o disimulada.
  • Crítica social: El sarcasmo y la ironía a menudo se utilizan para señalar o criticar aspectos de la sociedad, la política o la cultura de una manera satírica y aguda.

Sin embargo, es importante recordar que el sarcasmo y la ironía pueden interpretarse de distinta manera por diferentes personas y en ciertos contextos. Por lo tanto, es fundamental ser consciente de cómo se utilizan y asegurarse de que no se conviertan en formas de comunicación habituales que puedan ser perjudiciales para las relaciones interpersonales. Si bien el sarcasmo y la ironía pueden ser formas beneficiosas de comunicación, también tienen aspectos negativos que es importante tener en cuenta:

  1. Malentendidos: El sarcasmo y la ironía pueden ser fácilmente malinterpretados, ya que este desplazamiento de significado es propenso a interpretación del oyente. Influyen el tono de voz, el lenguaje corporal y el contexto para ser comprendidos correctamente. Esto pudiera llevar a confusiones y conflictos en la comunicación. 
  2. Herir sentimientos: El sarcasmo y la ironía a menudo implican decir algo contrario a lo que se piensa o se siente realmente. Si no se manejan con cuidado, pueden herir los sentimientos de los demás, causando incomodidad, estrés o incluso daño emocional.
  3. Crear barreras en la comunicación: El uso excesivo de sarcasmo e ironía puede dificultar la comunicación efectiva, ya que las personas pueden sentirse desanimadas a expresar sus opiniones o sentimientos si temen ser objeto de burlas o críticas disfrazadas.
  4. Falta de autenticidad: La constante utilización de sarcasmo e ironía puede hacer que las personas parezcan cínicas, desconfiadas o incluso poco auténticas. Esto puede afectar negativamente las relaciones interpersonales y la percepción que los demás tienen de ellos.
  5. Dificultad para resolver conflictos: En situaciones dificultosas, el sarcasmo y la ironía pueden empeorar la situación en lugar de resolverla, ya que pueden aumentar la tensión y el resentimiento entre las partes involucradas en lugar de fomentar la resolución pacífica.

En resumen, es importante utilizarlos con moderación y consideración, porque suponen una suerte de doblez discursiva (o inmoralidad) y no deben sacarse de contextos en los que se entienda el significado de lo que se expresa.

P. Víctor M. Torres Cisneros

Para El Visitante