Hoy el Evangelio nos presenta una escena muy interesante. Después de la experiencia misionera, los discípulos necesitan hablar y compartir lo que han vivido. El Maestro les propone retirarse a descansar juntos en un lugar apartado. Pero al intentarlo, se ven sorprendidos por un gentío inmenso e indigente que se lo impide. En este caso, vemos a Jesús tomando una decisión entre dos posibilidades legítimas: O despiden a la gente para descansar o se olvidan de sus merecidas vacaciones, para dedicarse a atender a la masa que les solicita.
¿Hacia dónde se inclina Jesús? ¿Por qué toma esa decisión? ¿Qué se nos enseña con ello? Al percibir a la gente como oveja sin pastor, Jesús empieza a ser pastor.
En el evangelio está latente una doble tensión: por un lado, que descansar y estar a solas con Dios no implica desentendimiento o aislamiento del curso cotidiano de la vida. Y por otro, que por mucha demanda que haya, es muy necesario dedicar tiempo para nutrirse y para reintegrar la actuación misionera en la totalidad de la vida. Y esto, exige un tiempo.
Un gran cristiano del siglo XVI, tras los pasos de Jesús, propuso la práctica del ser “contemplativos en la acción”, como dinamismo que responde a la tensión existente entre misión-oración y actividad-descanso. Porque el mismo Jesús, es quien inaugura la inseparabilidad entre la profunda y amorosa relación con Dios y la permanente disponibilidad para atender a la gente.
Que aprendamos a manejar con sabiduría y audacia la tensión existente entre misión-oración y actividad-descanso, para que podamos vivir siempre desde Dios y siempre para los demás. En este tiempo de vacaciones nos podemos preguntar: ¿Me desligo de lo que sucede para un merecido descanso o sigo con mirada compasiva atento a lo que acontece? ¿Qué decides?
Padre Obispo Rubén González
Obispo de Ponce



