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Dice un autor contemporáneo que Jesús es la verdadera vid y la fe es un encuentro personal con él. Sin la savia de Jesús no hay vida. Frente a tantas opciones que llevan a la muerte, hoy el Espíritu nos invita a escoger a Jesús, que trae la vida verdadera. Jesús nos invita a mirar al Padre como un jardinero que cuida nuestra tierra para que demos fruto. El Padre nos conoce y nos ama, sabe cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia. Quien es fiel al amor del Padre se llena de vida, como Jesús. 

Nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad (Papa Francisco). 

La palabra de Jesús alimenta nuestro amor de cada día, limpia nuestros ojos para ver en todo lo que nos acontece la huella de su amor, nos enseña lo que quiere que digamos al mundo con nuestra vida. El contacto asiduo con las palabras de Jesús es vital. Si nos salimos de Jesús nos secamos. Cuando todo se llena de palabras huecas, de disfrutes epidérmicos y de ruidos, la palabra de Jesús nos regala la alegría, fortalece nuestra fe, aumenta la ternura. 

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.

El yo soy de Jesús da vida al ustedes son. En Jesús está nuestra seguridad. Su vid hace fecundos nuestros sarmientos. En la oración interior dejamos que él actúe en nosotros. Su vida nos toca por dentro. Su paz puede más que todas nuestras inquietudes. La alegría de su Espíritu nos llena y ahuyenta la tristeza. Su Padre se goza con nosotros. Así actúa Dios.

El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Cuando permanecemos en Jesús, nuestro jardín produce el fruto que el Padre espera. La comunidad pascual es visible si permanece en Jesús. Obras quiere el Señor (Santa Teresa). Para entrar en ese hogar de amor, que el Padre y Jesús mantienen entre sí con el Espíritu, necesitamos permanecer unidos a él. 

Padre Obispo Rubén González

Obispo de Ponce