El servicio a la comunidad y la solidaridad brotaron espontáneamente en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Vega Baja que se ha vuelto un centro de servicios a los más vulnerables en una de las comunidades incomunicadas y afectadas a causa del huracán María.

Inmediatamente culminó el huracán, P. Jorge Yamil Morales Rivera de Nuestra Señora del Rosario de Vega Baja, descubrió que el teléfono de la casa parroquial de línea tenía tono y surgió la iniciativa de ponerlo al servicio del pueblo vegabajeño. “Esa semana estuvimos permitiéndole a las personas hacer llamadas y poco a poco fueron cientos a comunicarse con sus familiares en el extranjero, en Estados Unidos”, comentó P. Jorge.

Durante la iniciativa Padre Jorge se enteró de que había varias comunidades incomunicadas y seriamente afectadas por las inundaciones. “Decidí visitarlas con un feligrés que me llevó, quería ver la realidad. Era la comunidad de Los Naranjos”, expresó. Aunque no quedaba en sus límites parroquiales, se aventuró y sorprendido quedó al apreciar la aniquilación de algunos hogares, varias familias lo habían perdido todo. Conmovido, esa tarde salió con las complicaciones para hacer una compra para esas familias; les llevó “una comida y una comprita”.

Al siguiente día predicó sobre esta experiencia en la misa lo que provocó una acción inmediata de solidaridad de su feligresía en plena escasez y en plena novena patronal (con celebraciones suspendidas). “Lo vi como un mensaje de la Virgen, porque todos los días queríamos completar una compra y el mismo día tenía en mi mano la misma suma de dinero que el día anterior gracias a los donantes anónimos de la comunidad, sin pedir un dólar”, dijo sorprendido.

[Best_Wordpress_Gallery id=”66″ gal_title=”Iniciativa parroquial en la Diócesis de Arecibo”]

No fueron las autoridades gubernamentales, sino la gente la que compartió el agua, la comida, el dinero… “Me quedé sorprendido por esa reacción espontánea de compartir lo poco que se tenía. Imagínate lo que es encontrar una lata de salchichas gratis luego del huracán. Fue sorprendente y contagioso”.

Con un ánimo arrollador la comunidad parroquial, como piedras vivas de la Iglesia, lleva preparando comida caliente para 150-160 personas de las comunidades más afectadas e incomunicadas diariamente y le llevan artículos de primera necesidad, comida y agua hasta que se agotan sus suministros diarios. El sacerdote explicó el procedimiento. Luego de visitarlos (con comida caliente), se observa la realidad particular y luego llevan los suministros, una compra con otros artículos; posteriormente con artículos específicos como pañales, comida de bebé y leche.

Padre Jorge confesó que nada de esto fue planeado, que espontáneamente surgió y se han estructurado, que después de cada misa tiene más de 20 jóvenes desconocidos para ayudar en la iniciativa, que desde que surgió no se han detenido ni un día y que no planean culminar con la iniciativa que goza del apoyo de la gente. Aunque aceptó que los retos son variados, especialmente con el agua embotellada (mayor solicitud) a causa de las filas y las limitaciones para conseguir solo 2 cajas. Con la misma esperanza que palea la incertidumbre diaria sostuvo: “distribuiremos hasta donde llegue”.

Con voz calmada y ánimo de continuar los trabajos, Padre Jorge sostuvo que la parroquia ha servido como un centro de servicios a la comunidad con diversas iniciativas de manera ininterrumpida desde el sábado, 23 de septiembre, después del huracán. “La gente ha visto la oportunidad de darle vida al Evangelio que se predica todo el año, es esa oportunidad propicia para encarnar el Evangelio de servir a los demás, a los más pequeños. Mientras estemos vivos estamos llamados a practicar la caridad, esta es una oportunidad de practicarla”, dijo.

Finalmente, P. Jorge expresó su profunda gratitud a los bienhechores anónimos. “Sin ellos esto no hubiese sido posible, que el Señor les premie con bendiciones en sus necesidades”, exclamó.

(Obispado de Arecibo)

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here